Sin temor al trabalenguas, el libro que lleva este título invita a chicas y chicos a observar cómo se genera el conocimiento científico. Con algo de historieta, narrativa, explicaciones, ejemplos ilustrados, preguntas, actividades y espacios para dibujar y escribir (lo que se dice, un libro interactivo), los autores de ¿Cómo sabemos lo que sabemos? (Planeta Junior) proponen una manera novedosa de abordar el conocimiento.
Por Gabriela Baby
A Valeria Edelsztein le dicen Arveja, a Claudio Cormick le dicen Claudio y a Mariana Lucia Pereyra, Pupé. Pupé es la ilustradora de ¿Cómo sabemos lo que sabemos? y supo dar forma de historieta a algunos de los diálogos que el alter ego de Arveja sostiene con su hija Ary. En esos diálogos, la niña pone en cuestión el conocimiento científico: “Si no lo veo, no lo creo”, dice. Y ahí empieza la historia. Valeria y Claudio son investigadores de CONICET y, desde la epistemología y la didáctica de las ciencias estudian los “Modelos de demarcación ciencia/ presudociencia y la enseñanza y aprendizaje de las ciencias”.
¿Cuál es el lector implícito del libro, a quién va dirigido?
Valeria: Lo pensamos para chicas y chicos de 8 años en adelante, que sean curiosos, que estén interesados por saber cómo funciona el mundo y cómo es que sabemos lo que sabemos. También puede ser una herramienta para docentes de inicial o de primaria, que quieran trabajar algunas nociones de lo que llamamos Naturaleza de la Ciencia. Porque además el libro viene con actividades que se pueden hacer en casa acompañados por adultos, pero que también funcionan super bien en el aula.
Vemos escenas en las que Ary, una nena en edad escolar, pone en jaque a su mamá científica con preguntas difíciles… ¿Basado en diálogos reales, quizá?
Valeria: Sí. Hay muchos diálogos que están puestos en formato comic que tienen como protagonistas a mi criatura menor y yo, situaciones que he vivido en casa que usamos como disparadores. Son esas preguntas que caen mientras preparo la cena o cuando menos te las esperás…
Ary insiste en la experiencia directa y la científica contrapone el ejercicio de la confianza. ¿Por qué ubican la confianza como eje para abordar el conocimiento científico?
Valeria: El núcleo desde donde se abre cada tema es la confianza. La confianza es una idea sencilla y central que nos sirve para avanzar un montón y, justamente, desandar cierta tradición que tenía como eje el método científico que imponía dudar de todo, chequear por cuenta propia, hacer experimentos de primera mano y usar bastante el sentido común. Después de mucho investigar sobre discursos anti científicos, después de un trabajo de análisis con docentes y con chicos llegamos a la idea de que la confianza es el lugar donde poner el foco para poder trabajar en educación sobre ciencia y desarrollo del conocimiento. Para que las personas no caigan en estos discursos anticientíficos, paracientíficos y anticientíficos.

Claudio: Hay un experimento mental que hace Steven Shapin en un libro que se llama Historia social de la verdad, que está diseñado para que uno vea por qué la epistemología individualista no sirve. El autor dice que el científico que hoy hace una prueba para demostrar que en el ADN hay citosina –y va a hacer la prueba para probar de primera mano lo que otros afirman- en realidad, está masivamente, globalmente, colosalmente, apoyado en saberes que no pone en duda, y se dedica a confiar en todo ese conocimiento anterior. La moraleja de este experimento mental es que si querés construir el conocimiento desde cero, de verdad, vas a tener que ir desde cero. A la edad de piedra, antes de la rueda, incluso.
Claudio agrega: “Sacar del eje al método científico implica sacar del centro del saber científico la idea de ‘ver para creer’, la idea de comprobación, y pone en el centro del libro la confianza en el saber de la ciencia. Que no es una confianza ciega sino, al contrario, una confianza basada en muchos ojos y controles, es decir, un cuerpo de conocimientos re-chequeados, robustos y confluyentes.
El método científico solía ser un hit de los estudios sobre ciencia en la escuela…
Valeria: El método científico está muy establecido en las escuelas porque es algo funcional para el maestro, que lo pone de título y enumera los pasos: observación, enunciación de hipótesis, experiencias… y suena a algo totalmente lineal y muy universal. Y eso trae un problemón: hay una variedad enorme de ciencias que funcionan con métodos muy diferentes entre sí. Quiero decir, lo que hacemos en paleontología, no es lo mismo que hacemos en astronomía, ni en economía, ni en sociología. Entonces, querer englobar todas las ciencias bajo “el método científico”, genera una distorsión enorme acerca de cómo se produce el conocimiento y termina siendo un problema porque si algo no encaja en esa secuencia de pasos no puede ser reconocido como ciencia.
Paleontología, historiografía, lingüística, química, astronomía… son algunas de las ciencias que se mencionan en el libro. Interesante variedad.
Valeria: Mostramos esta variedad de formas de hacer ciencias o producción de conocimiento de las distintas disciplinas que son muy diversas entre sí pero que obviamente siguen ciertas reglas, ciertos caminos que nos permiten llegar a consensos expertos convergentes.
¿Este discurso de la confianza va en contra entonces del terraplanismo?
Claudio: El problema es que estamos formateados por una epistemología individualista, más o menos de sentido común, que dice que pensar científicamente es no confiar en nadie…Y esto es un principio que literalmente haría imposible la ciencia. La comunidad científica es colaborativa, el saber de la ciencia se apoya en el saber de la ciencia.
Valeria: No hay manera de que un chico de tercer grado descubra las Leyes de Newton, por más que las manzanas sigan cayéndose al piso. No hay manera porque Newton tampoco lo hizo solo: se apoyó en el conocimiento científico de su época. Entonces, cuando hablamos de confianza no estamos hablando de algo irracional, de un salto de fe. Justamente es lo contrario.

Claudio: La ciencia y el conocimiento de siglos permiten que yo pueda confiar en que este techo no se me caiga encima, en que se encienda la luz cuando pulso el botón y que el tren me deje en Chascomús si me tomo el tren a Chascomús. Quiero decir, el cúmulo de conocimientos que usamos en la vida cotidiana es inmenso: no confiar en la ciencia es imposible.
Hay un grado de especialización en esta diversidad que comentás que es importante también tener en cuenta.
Valeria: Sin duda, y este es otro punto de la confianza: acumulamos tantos saberes, tanto conocimiento en tantos milenios de historia de la humanidad, hay una especialización tan importante, que hay gente que sabe muchísimo sobre algo muy chiquitito. Cada uno de los científicos sabe muchísimo de algo bien específico y eso, por un lado, nos permite avanzar y profundizar, y por otro lado, hace inevitable que precisemos esa confianza.
Control de pares
¿Como funciona el sistema científico para ganarse nuestra confianza?
Claudio: La confianza no implica una confianza ciega, como ya dijimos, sino que, al contrario, es una confianza absolutamente chequeada. Y acá viene el chequeo por pares. Lo que queremos contar en el libro no solo es que nosotros confiamos en aquello que tiene consenso experto, sino que dentro de la comunidad científica todos confían. Porque el que tiene que hacer un experimento confía en el laboratorio que hace el producto que tiene que analizar, en el fabricante del microscopio, en el especialista en imágenes al microscopio…
El riesgo que corrés es que “también se puede confiar en la tarotista”…
Claudio: Este es el problema de la epistemología individualista, que pone todos los objetos de la confianza al mismo nivel. Como si el saber de la tarotista estuviera legitimado como saber científico, cuando no cumple un montón de requisitos para ser ciencia: no está chequeado por pares, se torna irrefutable por su amplitud y ambigüedad, y otras cuestiones. No es confianza ciega, entonces, no es creencia o fe. Porque en la ciencia ocurre que hay descubrimientos convergentes. Que ocurren cuando diversos grupos de científicos van encontrando los mismos resultados, que son entonces convergentes y robustos.

“La ciencia es rara”, dice la mamá de Ary en el libro. ¿De dónde viene esta idea?
Claudio: Lo que queremos señalar con esta idea es que en ciencia se obtienen acuerdos de una manera que no ocurre en ninguna otra área de la sociedad y tendemos a pasar por alto este dato. Nosotros damos por sentado algo que, en política, en filosofía, en historia, en lingüística, en fútbol, en gustos de comidas… no llegamos a acuerdos. Pero en ciencia pasa algo distinto: los experimentos y observaciones de la ciencia se pueden replicar en cualquier parte del mundo y llegan a los mismos resultados. Esto quiere decir que por más que la ciencia sea una actividad humana atravesada por intereses políticos y económicos logra ponernos en contacto con un mundo real más allá de nuestros intereses y situación. Hay evidencia convergente. Si descreés de un estudio porque creés que hay conflicto de intereses, bueno, fíjate los estudios de otros en el mismo tema y serán convergentes. Y decenas, cientos de estudios: los números se vuelven colosales. Pensemos en estudios sobre el cáncer que, por todo el mundo, reunieron cientos de miles de páginas que van llegando a lo mismo. Entonces, lo raro es el gran acuerdo. O la gran coincidencia. Coincidencia no de casualidad sino de convergencia. La ciencia llega a acuerdos que podemos decir informativos. Es muy difícil explicar eso en términos que no sean realistas.
En el libro además aparece la idea de experto: el que sabe mucho de un campo de conocimiento acotado, pequeño.
Claudio: Y esto genera mucha humildad. Porque todos somos muy ignorantes en casi todo. Yo sé de epistemología social. Y puedo hacerme el capo en este rubro. Pero me sacás de ahí y no sé nada más. De nada. Y esto es interesante de decir porque el experto sabe de su tema, pero de nada más. Y es importante para que los expertos tomen decisiones sobre la comunidad de legos. Quiero decir, que el experto en vacunas tome decisiones porque sabe sobre vacunas. Y que tome una decisión sobre vacunas no quiere decir que haya una aristocracia de vacunólogos con intereses sociales.
Ciencia para todos y todas
¿Qué recepción está teniendo el libro?
Claudio: El libro recién empieza a rodar, pero ya hicimos algunas presentaciones. Te cuento una experiencia de taller, que explica la idea que tenemos de que no todo el conocimiento entra en una sola cabeza y que fue una experiencia en grupo: un juego. Pusimos 35 objetos sobre una mesa. Le pedimos a la gente que recordara lo que había sobre la mesa. Les dimos un tiempo y luego tapamos los objetos y pedimos que los recuerden. Y el resultado es que -sin importar la edad- no vas a poder recordar más de 6, 7 u 8 objetos. Ahora, si hacemos esto en equipo, en una segunda horneada del experimento, les dijimos a las personas que hablen entre ellas, que cada uno diga cuantos y cuales objetos recordaba y el cambio fue notable: entre todos pudieron reunir alrededor de 17 objetos. En una tercera horneada, le pedimos a la gente que antes de ver los objetos desarrollen una estrategia para recordarlos a todos. Entonces, se organizaron: cada uno se encarga de recordar una parte o una fila o un color o alguna característica que permita dividir la tarea. Entonces recordaron más de 30 objetos. Por supuesto que la ciencia no funciona así, no es solo memoria y observación, pero hay una analogía: si vos tenés tu cerebro dedicado solo a la histología o a la era cuneiforme de Egipto, no te vas a dedicar a los robots para mandar a Marte. Y esto es muy lindo, porque quiere decir que colaboramos como especie humana. La ciencia se divide en áreas y cada persona mira, observa, analiza una pequeña parte.
¿Y qué de todo esto se debería enseñar en la escuela?
Valeria: En los profesorados de enseñanza existe el trabajo sobre naturaleza de las ciencias. Los docentes saben que hay discusiones sobre cómo enseñar: si historia de la ciencia, si filosofía de la ciencia o dar algunos conocimientos científicos, y entonces qué contenidos, etc. Esto está incorporado: se enseña no solo la ciencia como producto, sino también como proceso. Porque queremos contar no solo los resultados, sino cómo se llegó a esos resultados. El problema es que después en lo real, en el día a día, en el aula, el tiempo es poco, los recursos son escasos, la jerarquización docente no existe… todo el tiempo hay emergentes. Pero, si viviéramos en un mundo ideal, trataría de pensar la ciencia como proceso. Para que los egresados de la escuela sean ciudadanos científicamente alfabetizados.

¿Qué es un ciudadano científicamente alfabetizado?
Valeria: Un ciudadano científicamente alfabetizado puede entender el proceso de construcción del conocimiento científico y entender por qué es importante la confianza en el consenso experto. Puede reconocer que todos somos muy ignorantes en casi todo y entonces depositamos la confianza en los que estudian y saben de cada tema. Que son expertos. Los ciudadanos científicamente alfabetizados tienen las herramientas que permiten identificar esos consensos expertos. Saben a qué fuentes hay que recurrir para buscar el conocimiento, porque la clave está ahí.
Claudio: Durante la emergencia del COVID vimos la importancia de poder identificar la fuente correcta porque hubo casos extremos: gente que le dio dióxido de cloro a sus criaturas porque vio en la tele a Viviana Canosa haciendo eso (y luego culparon a las familias, a padres y madres que habían actuado como les dijo la tele). Todo esto parte de esa idea individualista que exige que cada uno tenga que saber de primera mano qué es lo bueno y qué es lo malo para su salud. Vos no podés ser tu propia ANMAT. Y tampoco se puede culpar a la gente que le dio lavandina a sus hijos y murieron porque nadie controla lo que se dice en la tele. El control de la información es importante también. Entonces, esta epistemología individualista hace estragos, mata gente. Tenemos que dejar de tirarnos tiros en el pie. Tenemos que dejar de criar terraplanistas. Tenemos que dejar de reproducir desde la escuela, desde las políticas públicas y desde los medios de comunicación esta idea de “hacelo por vos mismo”, “desconfiá”, “chequéalo vos mismo…” No. Es impracticable y, además, llevado al extremo, se cobra vidas.

Planeta Claudio
Claudio Cormick es licenciado en filosofía por la Universidad de Buenos Aires y doctor en filosofía por esa misma universidad y Université Paris 8. Actualmente se desempeña como investigador asistente en el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), y como docente de Filosofía Contemporánea en la UBA. Ha publicado más de cuarenta y cinco artículos en castellano, inglés y francés en revistas especializadas sobre temas de teoría del conocimiento en general y epistemología social en particular. Dentro de este campo, se especializa en negacionismo científico: negacionismo del cambio climático, terraplanismo, antivacunas. También es autor del libro Opacidad y relativismo (Buenos Aires, Prometeo, 2019) y coautor de los libros Argumentos en una baldosa, ¿Cómo sabemos lo que sabemos? y Contra el reloj, con Valeria Edelsztein. Además publica, en coautoría con Valeria, la columna mensual «Ciencia para llevar» en Tiempo Argentino.

Planeta Arveja
Valeria Edelsztein es Doctora en Ciencias Químicas (UBA) y Diplomada Superior en Enseñanza de las Ciencias (FLACSO). Es Investigadora Independiente del CONICET, en el Centro de Formación e Investigación en Enseñanza de las Ciencias (CEFIEC-FCEN, UBA) y coordinadora del equipo de capacitadores de Ciencias Naturales de nivel primario en Escuela de Maestros de la Ciudad de Buenos Aires.
Sus temas de investigación son la didáctica de las ciencias naturales en escuela primaria, el rol del testimonio experto en la producción y distribución social del conocimiento y la caracterización de discursos anticientíficos a fin de desarrollar herramientas para contrarrestarlos. Es creadora y conductora del podcast “Contemos Historias” sobre historias de la ciencia y sus protagonistas. Ha sido columnista, guionista y asesora científica en distintos programas de televisión (La Liga de la Ciencia, Todo Tiene un Porqué, Científicos Industria Argentina, Proyecto G, entre otros), radio y medios gráficos y digitales. Escribe en coautoría con Claudio una columna mensual de ciencia para el diario Tiempo Argentino desde 2022. En Twitter (X) e Instagram la encuentran como @ValeArvejita.

