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Viaje al planeta Roald Dahl

Sus historias y personajes van del libro a la pantalla y de la pantalla al libro, sumando siempre nuevos lectores. Matilda, Charly y la fábrica de chocolate, Las brujas, El gigante bonachón, entre otras, dan cuenta de esta maleabilidad de argumentos entrañables, por momentos oscuros, para nada complacientes y políticamente incorrectos. Roald Dahl es uno de los infaltables en las infancias lectoras. Para todo público y para siempre.

Por Gabriela Baby

Traducido a 58 idiomas, con más de 200 millones de ejemplares vendidos en el mundo, Roald Dahl es uno de los escritores más originales e imaginativos que supo crear historias divertidas y frescas para las infancias y también relatos escalofriantes para adultos. Calidad e irreverencia en cada palabra que se suman a otras virtudes, como el humor sutil y constante de su voz narrativa, un uso osado del lenguaje, y la imaginación amplificada. Con Roald Dahl los lectores están invitados a vivir aventuras en las que puede aparecer un gigante amoroso, brujas malísimas, niñas y niños audaces, una fábrica de chocolate regenteada por un lunático y padres espantosos. 

Vamos por cada una 

Matilda. Matilda es una niña tan inteligente que hasta tiene poderes sobrenaturales. Su madre está muy ocupada en sus reuniones de juego y en su propia ¿belleza?, mientras que el padre de solo sabe vender autos y es lo único que hace. Matilda tiene cinco años y encuentra en la biblioteca un mundo infinito de lecturas. Cuando empieza la escuela, conoce a la señorita Miel y … no vamos a contar Matilda porque Roald Dahl la cuenta mejor que nadie. Aunque la versión par cine dirigida por Dany de Vito (1996) es también muy genial. 

Las Brujas. En Las Brujas el protagonista es Bruno, un niño que se va de vacaciones con su abuela y llegan a un hotel en el que hay una convención de brujas. Las brujas son feas y amenazantes y tienen el poder de convertir a los niños en ratones. ¿Adivinen qué pasa con Bruno? Las brujas son feas y aterradoras, y la abuela de Bruno, inolvidable. Hay por lo menos dos versiones de pelis sobre esta novela. La primera es de 1990, y está protagonizada por Anjelica Huston como la Gran Bruja y dirigida por Nicolas Roeg. En 2020, Robert Zemeckis dirigió a Anne Hathaway, en una versión remixada. En ambos casos, mejor leer el libro. 

Charly y la fábrica de chocolate. El protagonista de Charly y la fábrica de Chocolate es un niño modesto, tranquilo, curioso y muy pobre que asiste a una competencia en la enigmática fábrica de chocolate del pueblo. En esa competencia se enfrentará a Veruca, Mike y Violet, cada quien con sus virtudes y sus (tremendas) complicaciones. Aventura súper ágil y humorística, en la que el extraño Charly y sus umpa-lumpas pretenden reparar algo de una niñez de padre severo y desalmado. La película Willy Wonka y la fábrica de chocolate, de 1971 dirigida por Mel Stuart tiene guión de Dahl, aunque su versión final no convenció al escritor. En 2005, Tim Burton -que había filmado James y el durazno gigante en 1996 -, estrenó su versión, protagonizada por Johnny Depp, y fue un éxito arrollador en todo el mundo. Adivinen quién gana la competencia.

El súper zorro. Míster Zorro tiene una vida fantástica, una esposa fantástica, unos hijos que crecen fantásticamente. Pero a veces, super zorro tiene problemas con los granjeros vecinos que son, a la sazón, quienes proveen involuntariamente a la familia zorro de comida. Es decir, super zorro roba gallinas, pavos y otros productos de las granjas para alimentarse. Todo va bien hasta que los granjeros se cansan de Míster Zorro y pasan muchísimas cosas muy divertidas. La película dirigida por Wes Anderson está realizada en stop motion, y cuenta con la participación de George Clooney, Meryl Streep y Bill Murray en las voces. Impostergable. 

Y hay más: Los cretinos, Cuentos en verso para niños perversos (muy geniales ambos), El gran gigante bonachón y relatos para adultos de una arquitectura precisa y personajes delineados con maestría. Como ocurre en sus Cuentos de lo inesperado -relatos más que inquietantes-, y en las Historias extraordinarias y Mi tío Oswald (Anagrama), donde el humor del narrador se torna sarcástico, y la astucia y crueldad cortan la respiración. Simplemente ¡imperdible!

Algo de su vida

La vida de Dahl resulta una aventura apenas verosímil, de la que el autor tomó muchos personajes y sucesos para resignificarlos en sus textos. Nació el 13 de septiembre de 1916. Sus padres, de origen noruego, eligieron el nombre de Roald en honor a Roald Amundsen, un explorador que formó parte de la comitiva que por primera vez alcanzó el Polo Sur. Y parece que el escritor, junto con el nombre, heredó la pasión por la aventura. Como la que vivió a los ocho años, cuando con cuatro amigos puso un ratón muerto en un tarro de dulces de la confitería de Cardiff, hecho que les valió a él y sus compinches la aplicación del correctivo del bastón (sí: golpe de bastón en las nalgas). En Boy (publicado en 1984), donde cuenta estos y otros hechos, el autor advierte: “Esto no es una autobiografía. Yo nunca escribiría una historia de mí mismo. Pero durante mis días mozos en la escuela y nada más salir de ella me sucedieron unas cuantas cosas que jamás he olvidado. Ninguna de estas cosas es importante, pero todas causaron en mí una impresión tan viva que ya nunca he sido capaz de quitármelas de la cabeza. Algunas son divertidas. Otras tristes. Las hay desagradables. Todas son verdad”.

La lectura de Boy ofrece personajes y detalles -desde las golosinas de la época, la crueldad de los adultos en el trato con los chicos o la alegría de las vacaciones en la Noruega de sus abuelos- que Dahl replicará de diversas formas en sus ficciones.

El tema del chocolate y la misteriosa fábrica tienen su origen en la propia experiencia del autor. En Boy, Dahl cuenta cómo la fábrica Cadbury enviaba a cada alumno del colegio una caja con muestras de nuevos chocolates para que probaran e hicieran una evaluación. “No me cabe la menor duda de que, 35 años después, buscando argumento para mi segundo libro destinado a los niños, recordé aquellas cajitas de cartón y las chocolatinas recién inventadas”, cuenta Dahl. Y entonces vino Willy Wonka y más tarde Tim Burton y un mundo maravilloso para chicos y grandes, hecho con emociones e imágenes vivas de la niñez, reconquistadas para la literatura.

En traducción al español, se lo pudo leer a partir de los años setenta. Los primeros en publicarse en Hispanoamérica fueron Charlie y la fábrica de chocolate y El superzorro, a los que luego se le fueron agregando cerca de 20 títulos. Todos editados por LOQUELEO e ilustrados por Quentin Blake, que merece un párrafo aparte. 

El amigo Quentin  

Quentin Blake conoció a Roald Dahl en 1978, cuando fue contratado para ilustrar El enorme cocodrilo. A este trabajo, seguiría el de “Los Cretinos”, publicado en 1980. Pero la verdadera amistad entre el autor y el ilustrador surgió en 1982, cuando a Blake le encargaron ilustrar El gran gigante bonachón. Entonces visitó por primera vez la casa de Dahl en Great Missenden y compartió con el escritor largas charlas, arduas jornadas de trabajo y muchas cenas. “Mi libro favorito de los que me tocó ilustrar de Roald Dahl fue El gran gigante bonachón”, dice Blake, “porque pasé mucho tiempo hablando con Roald sobre este libro y pasé mucho tiempo pensando en los dibujos; de manera que cuando terminé, sabía que el libro estaba muy bien.

Quentin Blake

Roald tenía una mecánica de trabajo muy diferente a la mía: él se portaba mucho peor que yo, era más intenso y, aunque a mí me gusta exagerar, creo que solo nunca habría logrado tal nivel de exageración como la suya. Él quería un cocodrilo con cientos de dientes, por ejemplo, y trabajé mucho hasta dar con una figura de caricatura, muy diferente al cocodrilo de la realidad. Con “Los cretinos”, hice un montón de dibujos para empezar y después empecé otra vez. Es muy divertido dibujar personas sucias y malhumoradas. Roald me señaló que en el texto él describía que la barba del señor Cretino sobresalía como un cepillo (‘Crecía en espigas que sobresalían puntiagudas como las cerdas de un cepillo de uñas’), y tuve que rehacer una buena cantidad de dibujos hasta dar con la barba correcta. La señora Cretino tiene un ojo de vidrio, que ‘siempre estaba apuntando hacia otro lado’. Y es atractivo tener dos ojos haciendo dos cosas diferentes.”

A partir de estos trabajos, las ilustraciones de Blake estarán en todos los libros que siguió escribiendo Dahl. Y, tras la muerte del autor, en 1990, Blake ilustró los primeros libros que Dahl había publicado, entre ellos Charlie y la fábrica de chocolate y Jim y el durazno gigante, rememorando consejos, ideas, enseñanzas y, sobre todo, el humor malicioso del autor.

Una casa que es museo

Durante las últimas décadas de su vida (desde 1954 hasta su muerte, en 1990), Dahl vivió en el centro sur de Inglaterra, en Great Missenden. Actualmente, su casa es un museo donde se pueden ver su estudio – una construcción apartada de la casa principal-, en donde está el sillón de orejas heredado de su madre en el que Dahl escribía, los dibujos, fotografías y adornos exóticos que lo rodeaban, como un hueso de su artrítica cadera y una extraordinaria bola de papel plateada hecha con los envoltorios de los chocolates consumidos en su juventud. También está la manta a cuadros con la que el autor se tapaba cuando se sentaba durante largas horas en su butaca creativa, apoyando el papel sobre una tabla sostenida por los brazos del sillón, mientras ponía en palabras esas historias maravillosas con las que millones de lectores de todas las edades seguimos deleitándonos.

Sitio oficial

Tráiler de Super zorro 

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