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«El relato histórico arma el puente entre el presente y el pasado» Entrevista con Marina Franco, autora de La última dictadura

  • Categoría de la entrada:Historia / Literatura
  • Tiempo de lectura:9 minutos de lectura

Algunos – los mayores – se acuerdan de la época. Otros leyeron, escucharon, vieron películas y algo saben. Pero “la mayoría de las personas de este país sabe menos de lo que creemos que saben”, dice la historiadora e investigadora del CONICET Marina Franco, autora de La última dictadura (Pequeño Editor), un libro audaz y bellamente ilustrado por Pablo Lobato que cuenta el antes, el durante y el después de esos años oscuros. Una historia a la que nos asomamos cada 24 de marzo y que sigue dando novedades en este presente. 

 Por Gabriela Baby

Marina estudió Historia en la Universidad de Buenos Aires y es investigadora del CONICET. Su objeto de estudio es el terrorismo de Estado y la historia argentina reciente. La última dictadura es su primer libro dirigido a un público infantil y no pasa desapercibido: tiene un formato generoso (29 x 21 cm) y un despliegue visual tan impactante como los temas que trata, que se ordenan en tres grandes capítulos: “¿Cómo llegamos a la última dictadura?”, “En Dictadura” y “En Democracia”. De estos asuntos y algunas derivas, conversamos con la autora.

¿Por qué escribir y publicar un libro para chicas y chicos sobre la dictadura?

En primer lugar, porque la dictadura es una herida abierta que sigue haciendo efecto. Sin ir más lejos, a principios de este mes pudieron ser identificados 12 cuerpos ubicados en el centro clandestino de La Perla. Pero, más allá de esta noticia puntual, estoy convencida de que la dictadura cambió a la Argentina. El país que sale de la dictadura es un país completamente transformado: después de la dictadura se acaban los golpes de estado, las FFAA dejan de estar en el centro de la escena política y se acaban las violaciones masivas a los DDHH. También hay otros efectos: la dictadura reconfigura profundamente el funcionamiento de la estructura económica del país. Y esto no siempre está del todo claro. Y, además, me parece que contar esta historia a las nuevas generaciones es una manera de tender puentes entre el presente y el pasado.

¿Crees que a los chicos les interesa el tema?

Uno de los grandes desafíos de este libro, y de este tema, es construir un interés en los lectores, en los chicos; un interés que pueden no tener porque es un tema que apenas se trata en algunos colegios y a veces ni siquiera se conversa en la familia. Y es importante construir interés en el tema porque los chicos más jóvenes -sobre todo en este momento- son sujetos fáciles de los discursos negacionistas. A los que llegan por desinterés o por falta de conocimiento. Entonces, una manera de enfrentar el negacionismo es construir ese conocimiento histórico, serio y riguroso, con información clara y precisa. En este cruce entre el desconocimiento y los discursos negacionistas, yo me propuse aportar mi granito de arena y escribir este libro.

Y en relación a los temas de la dictadura, ¿qué desafíos narrativos encontraste a la hora de escribir para chicos?

El tema es muy complejo, pero no es imposible de abordar. Un desafío importante a la hora de la escritura fue seleccionar la información, sobre todo con la primera parte que explica los hechos previos a marzo del 76. El problema era que había que poner determinada cantidad de información, no sobreabundar ni exagerar, pero a la vez tenía que ser información clara, que a veces necesitaba muchos datos para ser entendida, pero no podía sobreabundar en datos. En definitiva, hubo que jerarquizar la información. Por ejemplo, tuve que decidir qué presidentes se mencionan y la decisión fue nombrar a aquellas figuras políticas presidenciales que fueron claves en la historia que se quiere contar. Y esto no tiene nada que ver con la apreciación política o partidista de ningún presidente. Esta fue una dificultad que se dio con la historia previa pero no tanto con el capítulo central, el de la dictadura: en esta parte nos explayamos con todos los temas. Hay que decir que es un libro largo y que incluye a lectores adultos, porque muchos adultos conocen muy poco de lo vivido en dictadura y sus efectos.

¿Cómo explicas a los chicos las transformaciones económicas y otros temas más crueles como las violaciones sistemáticas a los derechos humanos?

En relación con las transformaciones económicas, el libro las explica con los términos más sencillos posibles y con historias concretas. El libro cuentas varias historias de personas que vivieron durante la dictadura: un empleado que se quedó sin trabajo porque cerró la fábrica, un periodista que echaron del diario, una profesora de literatura censurada que se tiene que mudar a otra ciudad, un empresario que se funde por el ingreso de importaciones, entre otros.

¿Y la crueldad? ¿Las torturas? ¿Los vuelos de la muerte?

Me propuse dar explicaciones claras, sencillas y cuidadosas. Porque no hace falta abundar en imágenes explícitas sobre el horror para construir el relato. Por otra parte, el gran apoyo de los textos son las ilustraciones, que son espectaculares, y ayudan a transmitir con cuidado y gran impacto lo que quizá es lo más difícil de contar de la dictadura: la violencia, el horror. Y la otra decisión fue con cuidado y con sensibilidad, contarlo todo. Contarlo todo.

¿Contarlo todo tiene que ver con el reclamo de ciertos sectores de contar “la historia completa”?

Tal cual: porque estoy convencida de que la gente sabe menos de lo que suponemos que sabe sobre la dictadura. Entonces, la primera parte del libro cuenta cómo se pudo llegar al golpe de estado. Y en este punto la decisión crucial para mí fue no omitir nada, no silenciar los aspectos más incómodos de esta historia (esos temas que encuentran mucha dificultad para ser hablados en el mundo progresista). Y la decisión de esto tiene que ver con, por un lado, el rigor histórico. Es decir, en Historia no se silencia ningún proceso ni ningún hecho. Y, por otro, porque me parece que lo que no se dice, lo que se silencia, alimenta los discursos negacionistas. Entonces, el hecho crucial es la violencia de las organizaciones armadas de izquierda y la guerrilla previa a la dictadura. El libro muestra que esas organizaciones fueron efectivamente violentas, pero también muestra cómo esa violencia formaba parte de un clima de época. Y, por último, quizá lo más importante, muestra que la dictadura fue una cosa completamente distinta, que no es ni la consecuencia, ni la respuesta a esta violencia: porque la dictadura no fue una guerra sino un plan represivo y de disciplinamiento.

¿Vos crees que aprendimos algo de la dictadura… digo, los adultos: los padres, maestros, profes? Y en tal caso, ¿qué aprendimos?

Sí, como sociedad aprendimos mucho. Porque el país que sale de la dictadura, en su faceta positiva y de aprendizaje, es un país que renuncia a llamar a los cuarteles para resolver los problemas políticos, condena la violencia estatal masiva y apuesta a la democracia y a la cultura de los DDHH. Esto dicho en términos idealizados. Y es el discurso que se construye en los 80s. El punto es que después es un país cuya democracia es terriblemente frágil, sobre todo en términos sociales y económicos. Porque, en la medida que tenemos una democracia que no puede garantizar ni crecimiento ni bienestar para las grandes masas populares, ese discurso de la democracia y de los DDHH empieza a resquebrajarse. Entonces, aprendimos algo, pero la realidad, permanentemente, nos lleva a cuestionarnos esos valores aprendidos.

¿Nos cuestionamos la democracia?

La fragilidad de la democracia tiene que ver con decisiones y lógicas políticas. Quiero decir, el problema son esas lógicas sociales y económicas, no la democracia ni los DDHH. Hay que seguir apostando a la democracia y a los DDHH porque son los valores que nos van a proteger como sociedad.

Las ilustraciones y la doble para cada tema dan un ritmo de lectura super ágil y amigable para chicos y para adultos.

Sí. El formato de enciclopedia ilustrada permite que cada doble página presente un tema y se pueda entrar por cualquier lado, saltear páginas, ir de atrás para adelante: hay quienes leerán solo sobre el Mundial del 78, o entrarán por el mapa de los centros clandestinos, o la Guerra de Malvinas, o la vida de Nora Cortiñas. El motor del libro es la curiosidad del lector. Algo que trabajamos mucho con el ilustrador, con mucha preocupación, fue la diversidad de clases sociales, la diversidad de género y la diversidad en general: se cuentan situaciones de todo el país. Hay historias de Santa Cruz, Chaco, Salta, Tucumán, Santa Fe. La apuesta fue construir un relato federal. Y también que la ilustración no fuera ni explícita ni descriptiva, sino simbólica y contundente a la vez. Que transmitiera junto con el texto lo que las palabras no logran transmitir.

Y ahora que el libro se ha echado a rodar ¿cómo te imaginas a los lectores?

Este es un libro para leer con los chicos, es decir, es un libro para adultos + chicos. En estos días, desde la editorial se están armando capacitaciones y visitas a escuelas y también a institutos de formación docente. Estamos trabajando en este nivel. Porque lo que el libro ofrece es un relato basado en el rigor histórico. Entonces es muy útil para la escuela, y está pensado para que funcione así en contextos terriblemente tensos en el mundo escolar.

Acá te dejamos más material para abordar junto con las chicos y los chicos este tema.

Planeta Marina Franco
Marina nació en Buenos Aires y es doctora en Historia por la Universidad de Buenos Aires (UBA) y por la Université Paris 7 Denis Diderot. Comparte la coordinación del Núcleo de Estudios de Historia Reciente del Instituto de Altos Estudios Sociales (IDAES) y es miembro del Núcleo de Estudios sobre Memoria del Instituto de Desarrollo Económico y Social (IDES). Ha sido profesora e investigadora invitada en diversas universidades de Europa y América Latina. Ha publicado numerosos artículos y ensayos en libros y revistas especializadas, y es codirectora de los dos volúmenes de Problemas de historia reciente del Cono Sur (con Ernesto Bohoslavsky, Mariana Iglesias y Daniel Lvovich, 2010) y de La guerra fría cultural en América Latina. Desafíos y límites para una nueva mirada de las relaciones interamericanas (con Benedetta Calandra, 2010). También publicó Un enemigo para la nación. Orden interno, violencia y «subversión», 1973-1976 (2012), Democracia, hora cero. Actores, políticas y debates en los inicios de la posdictadura (en codirección con Claudia Feld, 2015), El final del silencio. Dictadura, sociedad y derechos humanos en la transición (Argentina, 1979-1983) (2018) y ESMA. Represión y poder en el centro clandestino de detención más emblemático de la última dictadura argentina (2022), todos de la editorial Fondo de Cultura Económica. La última dictadura (Pequeño editor) es su primer libro dirigido a público infantil.