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La gran puerta de la ilustración para entrar a los clásicos

  • Categoría de la entrada:Arte / Literatura
  • Tiempo de lectura:10 minutos de lectura

Antonio Lorente ilustra con todo: témperas, óleos, café y hasta tinta de calamar, entre otras técnicas con las que da vida, potencia y respiración a personajes tan diversos como Carmilla o el Principito.  Sus ilustraciones permiten zambullirnos con todos los sentidos en las historias más geniales de la literatura universal. En libros que son tesoros para chicos y grandes, de generoso formato, tapa dura y tintas brillantes, con historias super disfrutables, sobre todo si se leen de a dos y un gran sillón. ¿Qué más pedirle a la vida? Antonio Lorente estuvo en Buenos Aires presentando su versión de El Principito. En esta entrevista, cuenta algunos entretelones de su trabajo y adelanta lo que vendrá.

Por Gabriela Baby. PH Bela Photography

¿Por qué decidiste ilustrar El principito o cuál es el sentido de reversionar un clásico?

El principito es un libro muy esperado para mí porque lo he leído muchas veces y lo quiero mucho. La primera vez, lo leí cuando tenía 8 o 9 años. Fue lectura obligatoria de una profe de Lengua y, en ese primer contacto, lo leí como un libro de aventuras, no llegué a su aspecto más filosófico. Y me gustó muchísimo la pura aventura del niño que va de planeta en planeta, y llega a la Tierra, y trae de su planeta una historia de amor. Luego, lo releí en la adolescencia, y ahí ya empecé a entender otras cosas. Ya mi cabeza no era la de un niño. Pasan los años, y después de terminar mi carrera, me fui a vivir a Londres, y andaba un poco perdido con mi vida y me compré El principito en inglés, para acercarme al idioma y aprender con un libro que ya conocía. Y entonces tuve una interpretación muy diferente y muy necesaria para el momento en que yo estaba.

¿Cómo te afectó la lectura de El principito en ese momento?

Recuerdo que me hizo bien leerlo, me di cuenta que hay que cuidar los afectos, tener cierta mirada más simple de la vida, me dejó pensando muchas cosas… Es un libro que a lo largo de la vida invita a pensar. A ser critico con lo que te rodea. A ejercer cierta autocrítica, también.

Y para ilustrarlo, para trabajar con el texto, vino otra lectura…

Luego vino la lectura profesional. Y esa fue una lectura muy diferente: el desafío fue imaginar de qué manera algo tan barroco, por llamar de alguna manera a mi estilo, con tanto acabado y tanto detalle, va a casar con el texto del libro. Porque la plumilla liviana de las ilustraciones originales, las de Antoine de Saint Exupery, no tienen nada que ver con mi estilo que mezcla materiales, técnicas y efectos 3D. Y la gente cuando lee El principito tiene las ilustraciones originales en la cabeza.  

¿Por eso mantuviste algunas ilustraciones casi como una copia de las de Saint Exupery?

Claro. Digamos que Saint Exupery no era un gran dibujante. Pero decidí que en mi versión debía mantener las ilustraciones icónicas del libro original. Entonces, en esas primeras páginas, donde aparece la boa que se comió al elefante, donde todos los adultos ven un sombrero, dije:  o me abstraigo totalmente de lo que ya existe y hago mi propio sombrero y la boa que se come al elefante o sigo a Antoine con los dibujos que todo el mundo conoce. Y decidí que iba a hacer la que todo el mundo conoce porque creo que es un error abrirnos a otra ilustración porque sacaría al lector del sueño narrativo.

¿Y después te inventaste el resto de las ilustraciones??

No todo. A lo largo del libro, los lectores muy seguidores de El principito verán que muchas de las ilustraciones son casi la plumilla de Antoine pero pasadas a mi estilo. También usé mucho el blanco, el espacio lo trato como blanco, como en el libro original. Y hago algunas ilustraciones a mi estilo, pero tomadas de Antoine, como por ejemplo la del niño que está deshollinando el volcán. Entonces, una vez que reuní varias ilustraciones que evocan al original dije, bueno, voy a poner las mías propias. Y verás que todas las dobles páginas son ilustraciones propias.

¿Y cuál es tu favorita?

A mí me gusta mucho la doble de la rosa que está casi al final. Me encanta ese momento del libro, cuando el niño descubre que su rosa no es única. Que hay muchas rosas, diversidad de rosas. Y me gusta porque dice algo del amor. Que el amor es ese amor y no se parece a ninguno, aunque todas las rosas se parezcan.

¿Qué técnicas utilizas en tus ilustraciones?  Uso de todo: soy caótico tanto en mi manera de trabajar, como en la técnica. Mezclo todo:  me gusta mucho el guache (témpera al agua) y luego lo mezclo con óleo de base aceitosa y así se consiguen profundidades… y luego sumo grafito o algo digital. Y también pruebo con la pintura de café o la tinta de calamar. No tengo límites. Y aprendo muchísimo del error: no me da miedo el fracaso pictórico. A veces me pasa que estoy con un dibujo casi terminado y se me ocurre agregarle algo y surge una cosa muy mala y hay que empezar otra vez. O puede surgir algo muy bueno, inesperado. Todos mis libros tienen esta mezcla. Sleepy Hollow es mi libro más experimental, ahí me animé a probar de todo. 

Contanos de esa zona más dark de tu producción:Carmilla, 13 de Fantasmas, La leyenda de Sleepy Hollow…
Es que me encanta esa oscuridad, me gusta mucho Tim Burton y el lowbrow, y entonces les propuse a la editorial Edelvives ilustrar obras de este tono para investigar y desplegar esta parte oscura. Por eso, para tener un equilibrio emocional y de estilo, en las primaveras de España saco este tipo de relatos fantasmagóricos y victorianos, y luego, para Navidad, salen libros más blancos, como El principito.

Venimos conversando sobre terror en Club Planetario… ¿para vos está de moda el terror? Y un poco sí. Pero hay seguidores de siempre y gente que lo está descubriendo. Cada vez más gente que descubre la literatura de terror y se fascina. Estos libros que ilustré son muy celebrados, a la gente que le gustan le gustan mucho. Y también hay quienes dicen: ay, me da miedo, miedo de verdad. Pero yo creo que no es horror insoportable, sino que encuentro belleza en lo terrorífico. Es un miedo muy naif, muy ingenuo y estetizado.

¿Y cuál es el próximo título que veremos de tu producción?

El próximo que sale para fin de año es Dr Jekyll y Mr Hyde, de Stevenson. Y estoy feliz porque es un relato que me encanta y la traducción es muy buena. Además, es de las pocas veces que no he pintado ni a una mujer. Porque normalmente en mis historias hay mujeres, pero en ésta no. En este libro son todos varones, cada uno con sus particularidades: Hyde es medio monstruo y cada uno tiene su cosa. La verdad es que lo he disfrutado. Ha sido un gran desafío para mí y lo he disfrutado.  

¿Y cuál es el próximo título que veremos de tu producción?

El próximo que sale para fin de año es Dr Jekyll y Mr Hyde, de Stevenson. Y estoy feliz porque es un relato que me encanta y la traducción es muy buena. Además, es de las pocas veces que no he pintado ni a una mujer. Porque normalmente en mis historias hay mujeres, pero en ésta no. En este libro son todos varones, cada uno con sus particularidades: Hyde es medio monstruo y cada uno tiene su cosa. La verdad es que lo he disfrutado. Ha sido un gran desafío para mí y lo he disfrutado.  

UN NIÑO QUE VIVE EN UNA ESTRELLA
Volviendo a El principito y siguiendo con los clásicos, si los clásicos son aquellos libros que siempre están diciéndonos algo, ¿Qué le dice El principito al mundo hoy?

El principito es eterno y tiene un mensaje para quien lo quiera tomar, para todas las personas. Yo creo que está bueno que haya nuevas versiones de El principito. Porque hay gente que es muy purista y dice: El principito no se toca. Y yo digo: no pasa nada, se puede. Hay otros lenguajes gráficos, nuevas propuestas. Y, además, los niños de ahora están tan sobreestimulados y acostumbrados a que todo vaya tan rápido, con tanta información, tanta imagen animada, tanto color saturado, que tú le das El principito que nosotros leímos cuando éramos niños, y no lo quieren.

¿No lo quieren?

No lo quieren porque no tiene el estímulo suficiente para ellos. Yo creo que con ediciones como las de Edelvives es posible que el niño se sienta seducido visualmente de una manera muy potente. El libro de gran formato, ilustrado, de una calidad excelente es algo super atractivo porque el relato está llevado por estas enormes ilustraciones. Luego, de adulto, quizá lea el original. Pero la manera de entrarle un poco es con ediciones de este tipo. Esto al menos es lo que veo y lo que la gente me cuenta. 

¿Y en qué se parece y en qué se diferencia tu ilustración de los millones de imágenes con las que hoy estamos todos asediados? Hablando incluso de la IA y de la multiplicación de imágenes a través de las redes.

Yo creo que lo de la IA es una locura. La verdad es que mucho que no lo pienso, pero veo que hace efecto… que precisamente eso se ve con el álbum ilustrado y los nuevos lectores. Porque este Principito, como mis otros libros ilustrados, no son libros para una lectura rápida, ni tampoco para una Kindle. Estos libros son para tenerlos, acariciarlos, olerlos, tocarlos y quedarse un rato con la lectura. Entonces las ilustraciones se hacen para disfrutar cada detalle: los brillos, la profundidad, los blancos.

Entonces ¿las ilustraciones se hacen para pensar?

Creo que un buen ilustrador no tiene que hacer un calco del texto sino contar algo más. Puede sumar otras imágenes, meter una atmósfera, incluir otros conceptos para que la persona que lee se detenga y descubra otra cosa.


Planeta Antonio Lorente
Nacido en Almería en 1987 y licenciado en Bellas Artes por la Universidad Politécnica de Valencia, Lorente desarrolló una obra de fuerte identidad visual, con muestras en Roma, Londres y Almería, y un estilo que fusiona técnicas tradicionales como el óleo y la acuarela con recursos digitales. Su trabajo se distingue por una sensibilidad plástica singular, capaz de convertir cada libro en una experiencia estética y cada ilustración en una interpretación profunda del texto.
A lo largo de los últimos años, Antonio Lorente se consolidó como uno de los ilustradores contemporáneos que con más fuerza vienen reimaginando el canon literario. En Edelvives ilustró ediciones íntegras de Peter Pan, Ana la de Tejas Verdes, Las aventuras de Tom Sawyer, Mujercitas, La leyenda de Sleepy Hollow, un recorrido que va de la aventura y la infancia al romance, lo fantástico y el terror. Pero su universo no se agota allí: en Grandes amores despliega un registro retratístico concebido como cartel cinematográfico, mientras que en Carmilla y 13 de fantasmas explora una zona más oscura, evocadora y perturbadora de su imaginación.
El ilustrador se presenta de manera bastante elocuente acá.