Laura Devetach cumple 90 años y en Club Planetario lo festejamos revisitando algunos de sus cuentos más conocidos, comentando «Run Run», que es su último libro publicado, y repasando la trayectoria de una de las autoras fundamentales de la literatura para chicas y chicos (y para todas las edades). Aplausos, beso y que los cumplas feliz. Y siempre, ¡gracias!
Por Gabriela Baby
“La arena estaba tibia y jugaba a cambiar de colores cuando la soplaba el viento. Laurita apoyó la cara sobre un montoncito y le dijo: —Por ser tan linda y amarilla te voy a dejar un regalo —y con la punta del dedo dibujó un monigote de seda y se fue.
Monigote quedó solo, muy sorprendido. Oyó como cantaban el agua y el viento. Vio las nubes acomodándose una al lado de la otra para formar cuadros pintados. Vio las mariposas azules que cerraban las alas y se ponían a dormir sobre los caracoles”. Este es el comienzo de “Monigote en la arena”, publicado en La torre de cubos (1966), el primer libro para chicxs publicado por Laura Devetach, una narrativa que marcó un giro de lo hasta entonces dirigido al público infantil.

Porque en estos cuentos, a contrapelo de la época, no hay didactismo, ni moralejas, ni pretensiones de enseñar nada. Además, en general, estas historias tienen como protagonistas a chicas y chicos que despliegan su mirada sobre el mundo, sus preguntas, pensamientos e ideas. «Mi tren es un gusano amarillo y rojo, pensó Irene. Chucuchuf, chucu-chuf, chucu-chuf. La hilera de cubitos se deslizaba sobre los mosaicos pulidos. La niña los empujaba de atrás salpicando el piso con un poco de saliva cada vez que decía «chucu-chuf». Mamá no estaba”. Así empieza “La torre de cubos”, un festín de onomatopeyas, mucha música y poesía en una prosa cristalina y onírica, feliz.
“El buen Bartolo sembró un día un hermoso cuaderno en un macetón. Lo regó, lo puso al calor del sol, y cuando menos lo esperaba, ¡trácate!, brotó una planta tiernita con hojas de todos colores. Pronto la plantita comenzó a dar cuadernos”, empieza el archileído “La planta de Bartolo”. Todos los cuentos de Devetach han sido reeditados varias veces y circulan en librerías, bibliotecas y escuelas. Vayan estos fragmentos para tentar a lectoras y lectores con estos cuentos inoxidables.
Mundo cartón
Run Run (2026, Ed. Siglo XXI) es una novela breve (¿o cuento largo?) para todas las edades. Run Run es el nombre de una nena que vive y trabaja en las calles de Once, en una Buenos Aires ruidosa y complicada, casi tan ruidosa y complicada como la Buenos Aires real. Run Run es la hermana de El Grande, y los dos se ganan la vida juntando cartones en un carro de cuatro ruedas. “Los cartones de las calles tienen tantas lenguas, tantas voces pequeñas que, cuando hablan, nadie puede dejar de escucharlas”, dice el epígrafe inaugural de la novela. Y de esto se trata la historia: de esas voces, sus recorridos, sus accidentes, encuentros y desencuentros. Voces de la calle que son familias, chicas y hermanos, y viejos que andan con sus carros llenos de cartón. Porque en la historia aparece Efraín, un cartonero casi anciano, medio mago, tal vez doctor, que se acerca a Run Run y la pone al cuidado de su castillo hecho de cañas y telas. La historia sigue rodando hacia un final con luna llena, ciudad y ternura.

Run Run está realizado en papel rústico con páginas a pleno en anaranjado y marrón. Además, tiene tapas de cartón -sin plastificar – e ilustraciones muy cuidadas a cargo de Rocío Alejandro basadas en una paleta de colores tierra, que invita a los lectores a meterse materialmente en el universo de los personajes. Libro de cartón que trata de cartoneros. Poesía y realidad para todas las edades. Porque la producción de Devetach escapa a cualquier etiqueta: “No creo en la división de la Literatura por edades ni en las estandarizaciones. A veces el mercado y la pedagogía hiperclasifican los textos y los condicionan por medio del formato o de la transmisión, limitando las múltiples posibilidades de lectura que el texto lleva”, dijo la autora en una nota publicada en Imaginaria.
En sus relatos prima la sonoridad, el ritmo, los juegos de palabras. “La poética es una de las funciones del lenguaje y como tal, «funciona» dentro de un cuento o una novela. La poesía es una manera de mirar el mundo y expresarlo”, dijo Devetach en la publicación citada: “Para mí el lenguaje poético es natural. Lo que no quiere decir que sea permanente”. Un abordaje poético de temas complejos y actuales, abordados con honestidad y ternura desde la perspectiva de los protagonistas.
Prohibiciones de ayer y de hoy
La última dictadura militar prohibió no sólo (y expresamente) algunos de los cuentos de Devetach, sino toda su producción. En 1976, la resolución N° 480 del Ministerio de Cultura y Educación de Córdoba decretó: “Del análisis de la obra La Torre de Cubos se desprenden graves falencias tales como simbología confusa, cuestionamientos ideológicos-sociales, objetivos no adecuados al hecho estético, ilimitada fantasía, carencia de estímulos espirituales y trascendentes”. Entre otros argumentos se aduce que el libro critica “la organización del trabajo, la propiedad privada y el principio de autoridad”. Sin comentarios.

En Un golpe a los libros represión a la cultura durante la última dictadura militar, de Judith Gociol (Eudeba 2003), un testimonio de Laura Devetach recuerda esos tiempos oscuros: «La torre de cubos se prohibió primero en la provincia de Santa Fe, después siguió la provincia de Buenos Aires, Mendoza y la zona del Sur, hasta que se hizo decreto nacional. A partir de ahí la pasé bastante mal. Porque no se trataba de una cuestión de prestigio académico o de que el libro estuviera o no en las librerías. Uno tenía un Falcon verde en la puerta. Yo vivía en Córdoba y más de una vez tuve que dormir afuera. Finalmente nos vinimos con mi marido a Buenos Aires en busca de trabajo y anonimato. Durante todo ese período quise publicar y no pude.»
Y la periodista Judith Gociol señala: «Si bien las prohibiciones se instalaron en todos los frentes, hubo un espacio que el ojo del censor vigiló con firmeza: el de la literatura infantil. Los militares se sentían en la obligación moral de preservar a la niñez de aquellos libros que —a su entender— ponían en cuestión valores sagrados como la familia, la religión o la patria. Gran parte de ese control era ejercido a través de la escuela, tal como demuestran las instrucciones de la ‘Operación Claridad’ (firmadas por el jefe del Estado Mayor del Ejército, Roberto Viola), ideadas para detectar y secuestrar bibliografía marxista e identificar a los docentes que aconsejaban libros subversivos.»

La torre de cubos fue reeditado en 1984, con una dedicatoria renovada: «A todas las maestras y todos los maestros que hicieron rodar estos cuentos cuando no se podía, ¡muchas gracias!»
En el siglo XXl las prohibiciones de los ‘60/70 pueden parecer anacrónicas, incomprensibles, faltas de vigencia. Sin embargo, frecuentemente, quienes trabajamos en el campo de la literatura infantil nos enteramos de escamoteos, reversiones edulcoradas y prohibiciones activadas en escuelas y bibliotecas por personajes de turno que «defienden» a los niños. ¿Los defienden de la literatura? Incomprensible.
Crítica también
Laura Devetach ha escrito también ensayos y reflexiones sobre su trabajo y la literatura. Oficio de palabrera. Literatura para chicos y vida cotidiana (Comunicarte, 1991) reúne un conjunto de ensayos que traen reflexiones sobre su propia escritura, experiencias de taller que la autora ha desarrollado durante años con docentes, aprendices de escritores y también con los chicos. Además, se abordan diversas cuestiones que interesan al escritor y al lector en igual medida: el regionalismo, el valor de los clásicos, las reescrituras posibles de un tópico, el vínculo de la LIJ con los medios de comunicación y otros temas. Es también una suerte de autobiografía de su autora.

La construcción del camino lector (Comunicarte, 2008) pone en juego la idea de que cada quien ha desarrollado -sin quererlo, sin saberlo la mayoría de las veces- un camino lector. En la introducción, la autora señala: “Me interesa que cada persona logre tener una visión panorámica de lo que es la construcción de su camino lector. No existen lectores sin camino y existen pocas personas que no tengan un camino empezado, aunque no lo sepa. Es importante reconocer la existencia de los textos internos: todo lo que uno percibió, escuchó, recibió por distintos medios, cantó, copió en cuadernos, garabateó, etcétera… La mayoría de las veces, por diversas circunstancias de la vida -llámense falta de memoria, prejuicio, falta de espíritu lúdico, o porque simplemente la cultura en la que vivimos no estimula esa manera de «leerse»-, dejamos este bagaje interno sin considerar. El camino lector personal no es un camino de acumulaciones ni es un camino recto”. Una propuesta para revisitar lecturas, observar la mediación, y acudir a los olvidos y recuperación de esa memoria personal. Se hace camino al andar.
De cabeza a la poesía
Devetach también escribió poesía y se preguntó y teorizó sobre este género, que a veces resulta volátil, inaprensible, evanescente. En El camino lector arriesga algunas pistas por donde entrar al mundo de la poesía: “Entrar en poesía (…), entrar a este mecanismo, entrar por la capacidad de aceptar la existencia de un ritmo interno, de la propia respiración, de los mensajes misteriosos de los sentidos, no formulados con palabras o solamente por el conocimiento de técnicas o de conceptos. Entrar en los ritmos y mensajes misteriosos que se encontraran en algún momento con el ritmo del poeta al que leemos o escuchamos. Entrar en poesía tal como alguien se tira al agua o toma sol”. La propuesta está vigente.
Entre los libros de poesía de la autora, hay uno muy singular que se titula Para que se sepa de mí, que fue escrito entre 1979 y 1987, en plena época de persecución y censura, cuando Devetach tenía muchos amigos en el exilio o la diáspora. Como escribir cartas tradicionales era peligroso por el miedo a la censura, la autora enviaba estos poemas a sus allegados pidiéndoles que hicieran copias y los pasaran en cadena. Los textos circularon de mano en mano durante años hasta que finalmente se editaron de forma oficial en Buenos Aires en 1988.
Uno de esos poemas dice:
Soy mujer de buena voluntad
mucho trabajo
variadas noches sin sueño
y carencia total de aburrimiento.
Estoy al margen del margen
porque no ando merodeando puertas.
Podría decir que estoy bien así
muy bien y ustedes
bien gracias
y bien también la familia
pero no sería cierto.
Miento sólo por piedad
o por terror
y éste no es el caso.
Soy loba, hambre, beso de amor
para morder a fondo
el sentido de las cosas
y sólo brizna
para soportar esta manera
de andar andando.
Su último libro de poesía se titula El lobo y su hora (no está expresamente dirigido a público infantil) y fue publicado por La Gran Nilson en abril de 2025.
Laura Devetach en primera persona
“Me recibí de maestra con guardapolvos de tablas impecables y buenas notas. En 1956 fui a trabajar a un pueblo del norte de Santa Fe. Tenía un segundo grado con 56 alumnos que oscilaban entre los siete y los diecisiete años. Daba clases, según el día, en la sala de música, en ritmo de Febo asoma, o en una iglesia vieja que se había convertido en palomar. Y las palomas eran comilonas. Y nosotros estábamos abajo.

En esa época escribía lo que me saliera en papelitos sueltos o en un cuaderno de tapas duras que después se me perdió. Los papelitos jamás se pierden. Estudiaba Letras en Córdoba, así que viajaba casi veinticuatro horas para rendir. Eso no le gustaba nada al director.
Mis alumnos trabajaban casi todos en la cosecha del algodón y de la caña. Y nosotros teníamos la obligación de darles deberes. Un día reté a un gordito de rulos por no cumplir. Yo los perseguía, porque una maestra de verdad tenía que ser severa, qué tanto. Pero el gordito me dijo: ¡Qué deberes! Yo trabajo en el campo. A la escuela hay que venir a descansar.
Entonces inauguré los cuentos. Pero no podía usar la biblioteca porque el dire decía que los libros se gastaban. Llevé mis libritos de infancia, muchos, queridos, ajados. También les pedí a los chicos que contaran los cuentos que sabían. Y ese contar fue glorioso porque salieron el lobizón, el zorro, el Pombero, ánimas, asesinatos varios, adulterios en la familia, canciones de Italia, refranes, oraciones”.
Tomado de Autobiografía publicada en Imaginaria.

Planeta Devetach
Laura Devetach nació el 5 de octubre de 1936, en Reconquista, provincia de Santa Fe. Vivió en el litoral hasta 1950, luego se trasladó a Córdoba, donde se formó en Letras Modernas. Allí vivió hasta 1976 y desde hace muchos años reside en Buenos Aires. Su voz poética trajo aires y sonidos nuevos a esos objetos llamados libros para chicos. Es autora de cuentos, poesías, ensayos, y ha recibido muchos premios. Fue guionista de programas infantiles de TV, periodista, coordinadora de colecciones vanguardistas de literatura infantil como El pajarito remendado, Los morochitos, Libros del Malabarista, entre otras. Recibió muchísimos premios como el Casa de las Américas en 1975 por Monigote en la arena, la Distinción del Banco del Libro de Venezuela entre los mejores de 1997 por la obra El garbanzo peligroso y desde 1986 integra la Lista de Honor de la Organización Internacional para el libro juvenil (IBBY).
Todas sus obras y premios se listan acá.

