Con cuatro nominaciones a los Premios HUGO, La Galera Encantada suma en agosto y septiembre funciones de su más reciente producción: Un superamigo imaginario. Un musical donde el juego y la imaginación abren la puerta para aprender a convivir con la ausencia.
Por Marisa Rojas
Una abuela y una nieta celebran su día cada vez que se encuentran. La abuela llega a la casa de la niña de sorpresa, salta a la soga, canta karaoke, pinta, juega a las escondidas y siempre se anima a más; es una abuela traviesa que ¡nunca se cansa! Su nieta celebra los juegos, regala besos y abrazos y hace del cuarto que comparten un mapa repleto de aventuras. Pero un día —una noche— sucede algo que lo cambia todo. El abuelo, muy enfermo, ha debido irse al cielo, cuentan a la niña su mamá y su papá. Será esa la primera noche de las que se sucederán durante seis meses en las que la abuela ya no volverá de visita. La misma noche en la que la niña encuentra un nuevo superamigo, imaginario.
“Porque para crecer, hay que dejar atrás cosas que tuvimos hasta ayer. Deberemos cambiar, una y otra vez, hasta un nuevo camino encontrar”, dice la canción que abre la obra que cuenta esta historia. La de una familia que descubrirá, en el juego y la imaginación, una nueva forma de estar juntos.

“Con esta obra busco transmitir que la resiliencia nace de la paciencia y del valor de transformar la tristeza en una aventura compartida. Aunque crecer exige dejar cosas atrás, siempre podemos ´volver a volar´ si mantenemos vivo al niño interior y honramos con alegría el recuerdo de quienes ya no están”, dice Héctor Presa, fundador de la compañía La Galera Encantada, autor y director de la obra.
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A veces una obra de teatro empieza mucho antes de que exista una primera escena. Puede empezar en una pregunta, en una conversación, en un recuerdo de la infancia, incluso en una nueva imagen que llega casi sin ser convocada. Para Presa, Un superamigo imaginario, el espectáculo que la compañía estrenó esta temporada, empezó así: con la idea de un amigo imaginario y con las conversaciones que, desde hace algunos años, mantiene con Almendra, su nieta de seis años.

Presa lleva décadas creando teatro para las infancias. Pero en este caso hubo algo diferente: una interlocutora que no estaba solamente del otro lado de la platea, sino en su propia vida. Desde hace un tiempo, abuelo y nieta conversan sobre las obras que él imagina. Él le cuenta ideas; ella escucha, pregunta, propone. Y en ese intercambio, dice Presa, ocurren cosas que no podría encontrar solo.
La primera idea de Un superamigo imaginario no fue la muerte ni la pérdida. Presa recordaba la obra Garabatito, una canción y la imagen del personaje protagonista. Pensaba también en su propia infancia: no podía identificar con precisión si había tenido, o no, un amigo imaginario, pero sabía que quería hablar del juego y de la imaginación. Entonces, empezó a pensar en un superhéroe y se lo contó a Almendra. En aquella conversación apareció la imagen: un personaje con ropa de juego, salido de otro planeta, que no termina de encajar en la realidad cotidiana de la obra. Más tarde apareció la abuela, y con ella una familia. Y con la familia, una experiencia vital que lo transformaría todo: una relación que necesita encontrar una nueva forma.
En esta historia, el amigo imaginario aparece el día en que a la nena le cuentan que su abuelo murió. Es la manera que encuentra para hablar con alguien cuando todavía no sabe bien cómo hablar de lo que pasó. Y con él juega, recrea escenas que antes compartía con su abuela y espera por un reencuentro que se demora en llegar. Hasta que una tarde, la abuela regresa. Pero entonces la nieta descubre que la que vuelve no es exactamente la misma abuela que recuerda.
Ahí se encuentra uno de los descubrimientos centrales que Presa hizo mientras escribía: él estaba concentrado en la pérdida. En contarla, explicarla, rodearla. Las ausencias, las pérdidas, la muerte, nunca resultan temas sencillos de abordar en el teatro para las infancias. Hasta que las conversaciones con Almendra le hicieron ver otra cosa.
“A ella lo que le importaba era el aquí y ahora”, recuerda.
Para la nieta, el presente podía ser mucho más concreto que cualquier explicación sobre la muerte. Era, es, en la obra, preguntarse qué puede hacerse ahora con esa abuela que vuelve diferente. Era, es, volver a jugar. Es entonces cuando la nieta y su superamigo imaginario emprenden una nueva aventura, una búsqueda del tesoro: la abuela traviesa.
“No va a ser nada sencillo, quizás fácil no va a ser que las cosas vuelvan como ayer; que ella juegue como antes (…) Mañana será otro día, volveremos a intentar. Hay que darle otra oportunidad”, cantan madre, hija-nieta y superamigo imaginario.
La obra no niega la tristeza, sino que abre la puerta para que conviva con otro montón de experiencias, esas que atraviesan a todas las familias. Porque aquí la infancia no es un territorio donde la muerte no existe. Existe. Como las preguntas que no tienen respuesta inmediata y los momentos en que algo se termina. Lo que cambia es la manera de transitarlos.
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Presa entiende esto a partir de su propia experiencia. A medida que avanza la vida, las pérdidas se vuelven parte de una conciencia nueva. Pero “siempre que pienso en esas cosas, aparecen los pibes jugando”, dice.
Ahí se cruzan su experiencia vital y su experiencia artística. La pregunta por el paso del tiempo, por aquello que inevitablemente se pierde, no aparece separada de la vitalidad que encuentra en sus nietos. Al contrario: parece conducir hacia ella. Después de una tarde con Almendra, de esos momentos en los que lo hace reír o lo llevan hacia una conversación inesperada, Presa cuenta que queda con una sensación de plenitud que vuelve a cargarlo.
Y desde ese lugar es que Un superamigo imaginario se acerca a la muerte. No como una lección ni como un asunto que haya que explicarles a los chicos desde afuera. Tampoco como una historia destinada a protegerlos de la tristeza. Sino como una experiencia que puede ser atravesada, elaborada y transformada.
Pero la conversación entre abuelo y nieta no terminó con Un superamigo imaginario. Hace apenas unas semanas, Almendra volvió a acercarse a Héctor con una idea: “Abuelo, tengo una historia para una obra”, dijo.
Él escuchó. Ella empezó a contar. Héctor anotó. La próxima historia ya empezó. ¿De qué se trata? Lo sabremos en la próxima temporada de La Galera Encantada.

Sábados 29/08 (17 h), 12/09 (15.30 h) y 26/09 (17 h)
Teatro La Galera – Humboldt 1591 – CABA
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