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Un abecedario diverso como herramienta para disparar la conversación

  • Categoría de la entrada:Literatura
  • Tiempo de lectura:10 minutos de lectura

Es un libro pero no es un libro. Es un juego pero a la vez cuenta historias. Trae muchos personajes – chicas y chicos – y poco texto, pero suena a novela o a trama de no ficción. Los nombres propios. Un abecedario diverso (Fondo de Cultura Económica) es una colección de tarjetones que, con ilustraciones muy potentes y breves epígrafes, narra en orden alfabético escenas inquietantes, muchas veces tensas, amorosas también, de chicos y chicas más o menos reconocibles. Conversamos con Mariana Nobre, artista plástica y autora de Los nombres propios, y con Lola Rubio, editora de Fondo de Cultura, que tuvo a cargo la edición de este (no) libro que invita a jugar y a pensar.

Por Gabriela Baby

Mariana: ¿Cómo surgió Los nombres propios?

Al principio eran escenas que acumulaba en mi mente y que tuve que volcar al papel. Situaciones que vi o me llegaron en fotos o a través de las redes. Ninguna está inventada. Eran escenas que me inquietaban y cuando algo me inquieta lo tengo que sacar y lo saco dibujando porque es la herramienta que yo tengo. O actuando, también soy actriz. Entonces fui acumulando dibujos hasta que en un momento tuve un montón, y me di cuenta que el conjunto hablaba de algo, pero no sabía qué era… le di muchas vueltas al asunto. Fui con profes de ilustración y muchos me decían que era para hacer un libro. Pero yo no soy escritora. No me dedico a escribir. Y no sabría qué escribir sobre esto.

Sin embargo, los textos, esos breves epígrafes de las ilustraciones resultan muy sugerentes, abren escenas y relatos.

Es que desde este no saber empecé a encontrar frases dichas, leídas o traídas de la realidad: frases que a veces están entre lo poético y lo terrible. Entonces, pensé: no tengo que inventar nada. Y empecé a anotar esas frasecitas. Con el tiempo, tuve dos pilas: oraciones e imágenes. Entonces, las empecé a poner en relación y fui viendo las distintas combinatorias: la gran tarea fue hacer esa edición de frases e imágenes. Y ahí se empezó a armar un poco la idea del libro.  

Pero no armaste el libro…

No, siempre me gustó la materialidad de las tarjetas: la colección de tarjetas les resulta interesante a los pibes. La imagen los convoca más que los textos largos. Ponés la colección en una ronda, y se la reparten, la comparten, la miran, leen y comentan. Para la escuela o para jugar con pibes va super bien. Y las tarjetas además son cuadritos y no quería perder esta esencia. Ahí surgió la idea de hacer esta caja para poner adentro las tarjetas.

¿Y cómo apareció el abecedario?

 El abecedario vino a estructurar la secuencia. A mí me encantan los libros álbum y los libros con abecedario. El de Edward Gorey, por ejemplo, me parece muy genial, porque él maneja la crueldad con humor, y a los chicos les encanta. Entonces les puse nombres a los personajes para armar el abecedario y con el nombre apareció la identidad. Porque, por ejemplo, “la chica que se bajó del colectivo tres paradas antes porque alguien la molestó” se llama Ludmila: el peso de la identidad le da otro brillo al conjunto. Busqué un nombre o apodo con cada letra y aparecieron los protagonistas.  

¿Cómo empezó a circular el juego?… porque hubo un momento previo a la publicación de la editorial…

Primero hice una edición personal, es decir, las imprimí por mi cuenta. Se llamaba Color de rosa y yo misma las circulaba. Las empezaron a usar en escuelas o en gabinetes de psicopedagogas. Y no quería publicar con una editorial porque quería conservar mi estilo. Entonces trabajé con muchísima libertad. Y además tiene cierta controversia el material en sí, aunque no lo había pensado para el abordaje de la ESI. Pero un día las cartas llegaron a la editora de Fondo de Cultura y luego al Ministerio de Educación de la Provincia de Buenos Aires. Que hicieron una gran compra bajo el título original, Color de rosa. Es el mismo contenido que Los nombres propios, solo cambió la ilustración de tapa y el título. Y también fui sumando la idea de juego, algunas consignas para jugar con las cartas. Y después armé otro juego para los más chicos, que que se llama Nos y se vendió a las bibliotecas de la Provincia de Buenos Aires (no está comercializado, no se vende en librerías).  Con estos materiales la intención es abrir, para que aparezcan las preguntas y los relatos de los pibes y las pibas. Porque veo que en general, los materiales orientados a ESI son bastante pacatos, todos muy parecidos entre sí, y como con cierta bajada de línea… y eso es peligroso.

¿Peligroso?

Me parece que es peligroso hacer una bajada de línea con la ESI porque es algo que está en cambio permanente, algo muy dinámico, donde conviene abrir el juego más que cerrar con definiciones. Es un territorio donde estamos descubriendo cosas nuevas todo el tiempo, cosas y saberes que traen las pibas y los pibes. Entonces las propuestas tienen que acompañar ese dinamismo, de alguna forma.

La serie de Los nombres propios muestra unas infancias y adolescencias en problemas… ¿crees que es el tono de los jóvenes de hoy?

Es cierto que las vidas de estos chicos y chicas no son color de rosa, justamente, pero hay muchas escenas en las tarjetas que tienen su luz, que dan cuenta de encuentros y situaciones promisorias. La carta de la Z, del final, por ejemplo, es esperanzadora.

Aunque la adolescencia siempre fue complicada, en este presente ¿es complicada de una manera particular?

Los pibes están a la deriva y los adultos tenemos que intervenir. Tomar las riendas del tema. Si nos movilizan las noticias terribles sobre las infancias y los más jóvenes, entonces tenemos que hacer algo, cada quien desde el lugar que pueda. Y la función de la literatura que es abrir temas… abrir conversación… temas… ideas… Y volver a convocar a la lectura. Que además abre otra posibilidad de uso del tiempo. Es otro tiempo leer. Leer te obliga a usar el tiempo de otra manera. Bajarnos de la moto, del celular… Le sacas el celu y qué le das… escucharlos, darle un libro, un juego. Ofrecer algo a cambio. Un paseo, un libro, una conversación, un dibujo, un abrazo.  

Desde el lado de la editora

Aunque no figuran en la tapa y raras veces en los créditos internos, editoras y editores son hacedores de los libros tanto como autores e ilustradores. Eligen, cortan, seleccionan, sugieren, hacen cambios al material y, la mayoría de las veces, son responsables directos de que un libro esté (o no) al alcance de todos. En este caso, Lola Rubio, editora de Fondo de Cultura Económica, tuvo responsabilidad directa en la realización de Los nombres propios.

Lola, ¿cómo conociste Los nombres propios?

Me llegó hace un par de años a través de una especialista en libros álbum y mediación, que conocía el material y le parecía muy interesante. Y lo editamos para presentarlo a una licitación para PBA, para enriquecer bibliografía sobre ESI, y ellos lo quisieron así, tal cual, sin mover una coma. Les encantó. Este libro se llamaba Color de rosa, pero siempre sentí que si lograba publicarlo en el canal comercial (el usual, el de la librería) tenía que tener otro título. Porque creo que la frase “color de rosa” no resuena en los lectores jóvenes de hoy del modo que lo hace para mí, que soy una adulta de otra generación. El libro finalmente circula en dos modalidades: el del Plan de Lectura de PBA que se llama Color de rosa, y el de circulación comercial que se llama Los nombres propios. Un abecedario diverso.

El libro que es un juego de cartas invita a pensar la relación entre literatura y juego. ¿Cuál es la relación para vos entre literatura y juego?

Para mí el juego habilita, por definición. Y es una actividad humana, que, a semejanza de la vida real, te propone metas, te fija algunos criterios y te permite moverte y hacer tu camino (“vallas y trampolines”, decía Maite Alvarado). Entonces, la idea de jugar, leer (la realidad o una tarjeta), intervenir y pensar son muy congruentes. Muy habilitantes. También pensamos que a veces quien compra necesita un ancla, un empujón, y que al ver las propuestas se va a sentir más acompañado, e incluso más animado a pensar otras posibles propuestas de juego y lectura.

No son ni rubios, ni tienen plata, ni se los ve muy cómodos a los protagonistas de esta antología. ¿Cuáles son para vos las principales amenazas para los chicos de hoy?

La falta de futuro. Pero no me refiero a la falta de dinero solamente. No pueden proyectarse. No me imagino una juventud más desoladora que aquella que no puede idealizar su futuro, pensarse. Aunque como suele ocurrir (y nos ha ocurrido a casi todos) luego la realidad nos va acomodando. La vida es larga y da muchas oportunidades. Y pensar que uno no tiene ninguna, debe ser desestabilizante.

¿De qué manera la lectura, la literatura y el juego pueden “ayudar” o promover, al menos, cierta mejora, cierto alivio en los chicos de hoy? En otras palabras, ¿qué tiene la literatura, la LIJ especialmente, para ofrecer a los chicos (amenazados) de hoy.

No soy muy optimista. No le veo poderes mágicos a la literatura. Es un abrepuertas, invita a muchas cosas. Esa analogía de “espejos y ventanas”, para conocerte y para ver el mundo sigue pareciéndome muy buena. Pero el cambio tiene que estar afuera también.


Planeta Mariana Nobre

Mariana Nobre nació en Buenos Aires. Es ilustradora, profesora de artes visuales, docente de teatro y actriz. Realizó sus estudios en la Universidad Nacional de las Artes (UNA), donde ejerce como profesora en la carrera de Escultura desde el año 2006. Como actriz se formó en la Escuela Timbre4, en donde también es docente de formación actoral. En 2012 ganó el Primer Premio en Arte Consentido por No soy el espejo (libro-objeto); en 2019 obtuvo la Mención de Honor del Segundo Congreso Mundial Infancia Sin Violencia por Color de Rosa. Un abecedario. Publicó también El nacimiento de la personaja (2010), La sala de espera (2016) y Nos (2021).

Planeta Lola Rubio

Fue presidenta de ALIJA (Asociación de Literatura Infantil y Juvenil de la Argentina), pertenece a la sección nacional de IBBY desde 2008. Fue jurado del Premio Internacional Hans Christian Andersen (IBBY) 2016 y 2018, y jurado del Bologna Ragazzi Awards (BRAW) 2026. Recibió el Premio Pregonero (FEL) a Especialista LIJ en 2025.
Trabajó como bibliotecaria escolar durante 25 años; fue docente universitaria y es la responsable del área de libros para niños y jóvenes de Fondo de Cultura Económica de Argentina. Diseñó y dirigió la colección Huellas, en Ríos de tinta, Tinta Fresca. Como editora, publicó a Isol, Pablo Bernasconi, Mariana Ruiz Johnson, Betina González, Nicolás Schuff, Gabriela Burin, entre otros. Diplomada en Narrativas de la Infancia y Juventud, Flacso (2018). Especialista Superior en LIJ egresada del Postítulo de CEPA-GCBA (2010). Editora graduada de la FFyL-UBA (2003). Profesora Nacional de Pintura, egresada de la Escuela Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón (1989). Promotora de LIJ, del Banco del Libro, de Venezuela (2007).