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Berlincito, festival de música y teatro para infancias en Villa Devoto

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Desde el 9 y hasta el 23 de mayo, los sábados y domingos por la tarde, Café Berlín presenta una programación especialmente pensada para compartir en familia.

Por Marisa Rojas

“Como suenan mis manos, como suenan mis pies, y qué tal las rodillas y mi pecho también. Como suena que suena, suena requetebien, pero quiero que suene todo junto esta vez”, se escucha repicar el candombe de NiLocos en una sala de conciertos de Villa Devoto. El clima es de fiesta, aunque las puertas del lugar están  —aún — apenas entreabiertas. El dúo que integran Enzo Ordeig y Pablo Echaniz ensaya mientras en el calendario avanzan los días hasta la fecha de estreno.

Fuera del circuito tradicional, en la Ciudad pero cerquita también de la provincia de Buenos Aires, el Café Berlín se prepara para inaugurar tardes de música, teatro, juegos y meriendas para chicos, chicas y sus familias. Hacer de la sala de conciertos un espacio vivo para las infancias. “Un café con leche concert”, dice Enzo, responsable — junto a Luciana González, productora de Kocawa experiencias— , del festival Berlincito que comienza el sábado 9 de mayo a las 16 h con  la presentación de NiLocos.

“Vamos a tocar las canciones de Jugar por jugar, el disco que sacamos a finales del año pasado. Son canciones lúdicas para jugar con el cuerpo y la palabra; incluyen secuencias de rítmica corporal, juegos de preguntas y respuestas, también hay canciones que se completan con el público. Es un show muy activo, invita a la participación con ganas. Cuando comienza se van parando algunos, después se suman otros, y enseguida está toda la sala arriba, jugando”, cuenta Enzo. Y no exagera: en los conciertos de NiLocos la frontera entre escenario y platea casi no se percibe. 
Con una propuesta que cruza ritmos de tradición popular con historias de fantasía —astronautas, monstruos, emociones que se cantan— y juegos “desde el suelo hasta el cielo”, NiLocos convoca tanto a los más chicos de la casa como a quienes ya no lo son tanto. No es casual que sean los encargados de abrir un festival que busca, justamente, ampliar ese encuentro.

“Con Pablo ya tocamos varias veces en el Berlín, es un espacio que suena bárbaro, y a mí me gustó la idea de armar algo más continuado, con otros grupos. Algo que permita vincular el lugar con las familias, porque más allá de la calidad técnica tiene una dimensión que está buena para los chicos y las chicas. Es como una cajita con mesas cerca del escenario y podés escuchar música y cantar canciones al mismo tiempo que jugás y tomás algo. Así pensamos Berlincito, distendido y divertido”, dice Enzo.

Un festival en contexto

Lu, ¿qué posibilidades abre una propuesta como este festival, en un espacio no habitual para el público de infancias y fuera de los circuitos tradicionales?

— La crisis económica impacta en toda la industria. Grupos que antes llenaban salas de quinientas o seiscientas localidades tuvieron que achicarse. Y hacia abajo sucede lo mismo con los grupos medianos a chicos. Eso reconfigura el mapa. Las grandes salas quedaron más asociadas a momentos puntuales, como las vacaciones de invierno, y empezó a abrirse un circuito más barrial. Y en ese sentido es interesante. También hay otro aspecto de la cercanía que traen estos espacios y es que permiten manejar precios más accesibles. Sabemos que una salida en familia es una inversión, entonces la idea es no ser expulsivos: que todos puedan acceder a cultura de calidad y que podamos seguir encontrándonos. Y que los artistas puedan seguir haciendo.

“Para nosotros es importante que nadie se quede sin el acceso a la cultura, al entretenimiento, a pasarla bien. La idea es tender lazos, entre las y los artistas y con los públicos”, dice Enzo.

¿Cómo fue el armado de la grilla de esta primera temporada de Berlincito? ¿Qué idea primó para definir las compañías que siguen a NiLocos?

Lu: — La programación de esta primera edición se armó, en parte, desde los vínculos. Son muchos años de conocernos. Sabemos cómo trabaja cada grupo. Pero también desde una idea clara: ofrecer variedad sin perder calidad.

Enzo: — Mi interés era abrir un espacio donde no solo esté NiLocos, sino que todos participen por igual. Y que convivan distintos lenguajes: música, teatro, clown, lo plástico. Por eso convoqué a Mar Mediavilla con Desenchufados en banda, que van a estar en la segunda fecha, invitando a desconectar un ratito de la tecnología para conectar con otros. Lu desde Kocawa trae a Los Cazurros y a Las Hermanas Misterio. Y para el cierre de esta primera edición va a estar Mundo Arlequín, el dúo de Javo Herrero y Lele Carroll, que suma títeres. En todas estas propuestas los lenguajes de la cultura para las infancias están integrados. Y eso está bueno.

Trini y Rubí — las disparatadas Hermanas Misterio que encarnan Mercedes Torre y Vicky Baldomir— despiden en Berlincito su show “Perdiendo el tiempo”, una aventura por dimensiones desconocidas y laberintos musicales para volver a despertar, entre canciones y juegos, con humor y astucia, la curiosidad. Mientras que Los Cazurros  —Ernesto Sánchez junto a Fer Perales y Fede Bethencourt— presentarán el primer espectáculo de la compañía, el premiadísimo —y definitivamente divertido—“Al rescate de la imaginación”.

“Las dos propuestas tienen muchos puntos de contacto. En Las Hermanas y en Los Cazurros el juego es central” —dice Luciana, y detalla: “Al rescate es un espectáculo que define el espíritu Cazurro. Tiene más de veinte años y sigue siendo muy actual.

Es una invitación a jugar con lo que hay, con lo que se tiene a la mano. Porque no es necesario comprar el último juguete lleno de botones y de luces para convocar el juego. Podés agarrar una sábana y transformarla en capa y con una palangana hacer un casco y así convertirte en superhéroe. Se trata de volver a lo simple porque eso funciona, siempre. Porque la génesis en el ser humano es simple, después lo complejiza todo el sistema”.

Cultura para las infancias en tiempos de pantallas

Más allá de la programación, hay una pregunta de fondo que atraviesa todo el festival: ¿cómo se construyen hoy experiencias culturales para las infancias?

“Uno de los grandes desafíos tiene que ver con las nuevas tecnologías. Las pantallas son un flagelo de la época. No hay regulación, porque no hay interés obviamente desde el Estado, para dar un marco donde los chicos y las chicas se puedan mover y también educar. Igual a nosotros, los adultos, madres y padres. Todo va a una velocidad tan rápida que nos pasa por encima —plantea Enzo—. Y yo siento que hay una responsabilidad dentro de los proyectos que estamos hablándole a las infancias en ese sentido. Tienen que tener un rol didáctico, un rol educativo y aportar algo que saque a los chicos y a las chicas del adormecimiento que propone la digitalidad. Por eso, todos los proyectos de la grilla invitan a un juego más analógico: menos pantalla, más cuerpo, más imaginación. Hay algo ahí que no queremos perder”.

Luciana coincide, y suma otra capa: “También los adultos perdimos capacidad de atención. Entonces, cuando durante cuarenta o cincuenta minutos se suspende todo lo demás y nos encontramos jugando con los chicos, aparece algo muy potente. La magia sigue existiendo. Los seres humanos seguimos enganchándonos con las historias, con la imaginación, seguimos teniendo capacidad de sorpresa, y eso es hermoso poder atenderlo”.

Ese “algo” —difícil de nombrar pero fácil de reconocer— tiene que ver con una experiencia compartida: el tiempo en común, la sorpresa, la risa que se contagia.

Quizás de eso se trate Berlincito: ofrecer espectáculos —música, teatro, juegos— al tiempo que abrir un espacio donde grandes y chicos puedan, por unas horas —ahora los fines de semana de mayo— encontrarse. Mirarse, escucharse. Y (simplemente) jugar.


Berlincito
Sábados y domingos de mayo a las 16 h en Café Berlín.
Av. San Martín 6656, Villa Devoto.
Entradas: $25.000.- Pack familiar x 4: $20.000.- c/u. En venta en Livepass