Desde mayo y hasta el 18 de agosto, la sala del barrio de Almagro propone una experiencia teatral compartida entre chicas, chicos y grandes. Impulsado por Nahuel Lamoglia y con curaduría de Emiliano Dionisi, el ciclo incluye actividades especiales en busca de construir algo más que una programación teatral: un espacio de encuentro sensible.
Por Marisa Rojas
“El teatro es una cosa que uno tiene que conocer para poder hacer parte de su vida” —dice el actor, dramaturgo, director y fundador de la Compañía Criolla, el premiadísimo Emiliano Dionisi— “Entonces, bueno, ¿cómo hacemos, como personas interesadas en formar nuevos espectadores y en construir una sociedad más sensible, para que los pibes conozcan y adquieran el hábito teatral? Pensamos aventuras como la del Festival del Asombro”.
Hasta el 18 de agosto, el ciclo ideado por Nahuel Lamoglia y curado por Dionisi, toma la sala del porteño barrio de Almagro —en el cruce con Palermo y Barrio Norte— para abrir las puertas e invitar al juego del teatro a todas las familias. Pero también a los creadores dedicados a las artes escénicas, para infancias y más allá. Porque a las funciones de teatro se suman actividades especiales como una charla con creadores —Héctor Presa, Adelaida Mangani, Cecilia Miserere, Mariano y Gastón Guerra y el propio Dionisi— y una clase de dramaturgia sobre teatro para las infancias, a cargo de Emiliano.
“Nosotros nos sentamos todo el tiempo a pensar cómo sembramos. Para nuestras infancias, para nuestras familias, para nuestra sociedad en general. Entonces, nos parecía que tener actividades alrededor de las funciones era fundamental para, primero, retroalimentar algo, y que la gente se acerque por distintos motivos, porque entendemos que a ser espectador y a hacer teatro se llega de distintas formas”, dice Emiliano.
Creador, entre muchos otros, de trabajos deliciosos de las más diversas escalas y formatos como Romeo y Julieta de bolsillo, Recuerdos a la hora de la siesta y Sueño —que tendrá funciones en el marco del Festival el 18 y el 19 de julio—, Dionisi confiesa una cruzada personal: quiere que sus colegas dramaturgos y dramaturgas del teatro para adultos, donde él también es un protagonista de relevancia, escriban para las chicas y los chicos.

“Tenemos gente tan grosa en nuestro teatro que a mí me encantaría que le hablen a nuestros pibes también. Uno quizás no se acerca por prejuicio, o porque nunca tuvo la posibilidad. También porque en nuestras carteleras los espacios para chicos son más pequeños, porque en los montajes hay menos luces, además de menos tiempo, y hay menos espacio de promoción, se nos paga menos; todo es más pequeño. Yo entiendo que no estemos ahí, pero me parece que nos perdemos una oportunidad fantástica que es el hablarle a nuestras infancias e invitarlos a emocionarse”, dice.
El teatro como refugio
En los días de la infancia, un niño asiste con su abuela a muchas, muchísimas, funciones de teatro. Años más tarde, el niño es un joven adulto que trabaja en ese teatro. Pero un día ese teatro, como tantos otros en la Ciudad de Buenos Aires, cierra.
“Para mí era una conexión hermosa disfrutar el teatro con mi abuela. Y justamente eso es lo que quiero que se replique: que las familias se conecten. Armamos este ciclo porque pensamos el teatro como un refugio”, dice Nahuel.
En el recuerdo de Nahuel aparece también una idea central del Festival del Asombro: el teatro como experiencia compartida entre generaciones. No se trata solamente de ofrecer espectáculos para chicas y chicos, sino de pensar una experiencia que involucre también a quienes les acompañan. “Las infancias conviven con la adultez” —dice Emiliano. “Entonces queremos que sea un espacio donde todos se sientan recibidos. Una aventura compartida. Porque el teatro es un refugio siempre, para todos por igual”.
Y así la palabra refugio aparece en la conversación como si nombrara no solamente una sala de teatro, un ciclo de funciones, conversatorios y talleres, sino también una necesidad.
“Los pibes necesitan un espacio donde poder soñarse mejor, donde poder imaginar que otros mundos son posibles. En un momento donde hay tan pocos lugares para soñarnos, que nos proponemos que este espacio sea un refugio, tanto para ellos como para toda su familia”, dice Emiliano.
El asombro en escena
El telón se levanta para que grandes y chicos compartan la misma emoción, la misma mirada atenta, el mismo latido acelerado frente a lo inesperado, dice algo así como el manifiesto del Festival del Asombro. Sus creadores anuncian “Una programación de lujo con algunas de las compañías más prestigiosas del país, capaces de transformar el escenario en un universo entero”.
Vaya si lo transforman el trío de artistas andariegos que en clave de absurdo se lanzan en busca del teatro perfecto. Son los tres artistas protagonistas de Aquel loco elenco, el espectáculo de la Compañía Amichis —con dramaturgia de Martín Palladino, Virginia Kaufmann y Cecilia Miserere, a cargo también de la dirección— que abre el Festival con funciones los domingos de mayo (Y regresa en vacaciones de invierno). Una invitación a un viaje clownesco por la historia del teatro, desde los inicios en la Grecia antigua hasta el grotesco, visitando también el teatro de Shakespeare, entre muchos otros.

Para el mes entrante —y algunos domingos de julio—, preparan sus valijas rumbo a la Ciudad los fabulosos Hermanos Guerra —Gastón y Mariano— que llegan desde su San Miguel natal para presentar Yo sabo, la historia del viaje de dos grandes amigos, Xul y Oscar, que acostumbrados a viajar juntos y a dedo descubren que, esta vez, han elegido direcciones distintas. El problema es, además, que ninguno de los dos da “el dedo a torcer”. Para saber qué pasará en este nuevo periplo habrá que acercarse a El Tinglado.
Mientras que en julio —durante las vacaciones de invierno— se presentarán por primera vez —junto a Sueño, de la Compañia Criolla— Las Hermanas Misterio, con su divertido Perdiendo el tiempo, y la genialisima Compañía del Revés Teatro con sus clásicos, nada clásicos: La increíble historia del traje invisible y Dulcinea, una locura quijotesca, que luego cerrarán esta primera edición del Festival del Asombro el sábado 1° y los domingos 9 y 16 de agosto.
¿Qué elementos tuviste en cuenta, Emi, para armar la programación del Festival?

— Lo primero para decir en ese sentido es que por supuesto las compañías que van a estar de mayo a agosto no son las únicas que hacen teatro para pibes y que yo considero valiosas. Es un recorte, es el primer recorte que hicimos. Son compañías que no solo tienen gente muy talentosa en todos sus rubros, porque todo está cuidadísimo en todas estas propuestas: la dramaturgia, la puesta en escena, los contenidos que se tratan. Hay algo importante ahí también: son contenidos muy poderosos que, al mismo tiempo, no pretenden ser pedagógicos específicamente. Son meramente teatrales. Van a la emoción. Obviamente, si de ahí después se desprenden un montón de temas para charlar y termina siendo una herramienta pedagógica, siempre es bienvenido, pero son compañías que hacen un teatro que no pretende enseñar, sino llegar al corazón.
Las funciones se están presentando con un bonus muy especial que acerca el teatro a otros ámbitos por los que hoy se distribuyen contenidos, mayormente para las nuevas generaciones, como el streaming. ¿Cómo surgió esto?
— Con la Compañía Criolla siempre hacemos charlas luego de las funciones, mayormente cuando nos presentamos en las escuelas, que es un ámbito fundamental para la formación de nuevos espectadores y también porque no todas las familias tienen la posibilidad, por diversos motivos, no solo económicos, de ir al teatro. Entonces aquí, como El Tinglado tiene su radio, su espacio de streaming, a Nahue se le ocurrió invitar a los chicos a que después de la función entrevisten a las actrices y a los actores, pensando en conectarlos también con el teatro a través de algo que los pibes ahora están acostumbrados. Me parece que es un puente espectacular. Y arriesgo que el asombro en ese caso lo van a tener los artistas, a partir de las preguntas y las reflexiones de los chicos.
Mientras Emiliano habla, Nahuel asiente con una alegría conmovedora. Y entonces ambos hablan, una y otra vez, sobre la idea de sembrar. El Festival del Asombro aparece así como una primera edición, pero también como el inicio de algo más grande. Sueñan los adultos que fueron niños espectadores de teatro con una programación anual, con laboratorios de creación para infancias y con abrir cada vez más espacio a artistas que quieran explorar los lenguajes de las artes para las infancias.
“Nos entusiasma mucho pensar el futuro”—reconoce Emiliano. “Estamos haciendo esto con muchísimo esfuerzo y muchísimo amor. Como cuando alguien te invita a comer a su casa y llegás y la comida está lista, rica y pensada para vos. Queremos que las familias sientan eso: que este espacio que es el Festival también es suyo. Y que se vayan pensando cuándo van a volver”.

Domingos 11 h (En vacaciones de invierno, funciones a las 16 h)
El Tinglado Teatro.
Mario Bravo 948, Ciudad Autónoma de Buenos Aires
Entradas: PreVenta $14.000.-
Platea sin numerar: $20.000.-
Platea + streaming con actores: $30.000.-
Mas info y programación completa acá.

