Convocada por la editora de la colección Entender y participar, una actualización de la serie creada en los años 80s por Graciela Montes para El Quirquincho, la periodista y escritora Hinde Pomeraniec puso manos a la obra a la desafiante tarea de contar la guerra a primeros lectores. Sus causas, sus drásticos efectos, los modos posibles de resolución pacífica y otros prolegómenos aparecieron en el horizonte de la investigación. ¿Cómo contar lo inexplicable de tanta violencia? ¿Cómo narrar el dolor de la pérdida? Tomando la voz de una niña curiosa (y asustada) y a través de preguntas y respuestas, Por qué existen las guerras (Ed. Siglo XXI) investiga causas y azares de la violencia extrema que ha vivido desde siempre la humanidad y arroja una mirada esperanzada sobre las posibilidades de la paz.
Por Gabriela Baby
¿Cuál es el eje o la premisa central de tu libro?
El libro fue una propuesta de la editora actual de la colección: es un título nuevo, no estaba en la serie original. A partir de este pedido, empecé a pensar en las guerras actuales, en las guerras de otros tiempos que nos tocaron de cerca, en las películas de guerra que muchos chicos (y adultos también) disfrutan, en la violencia en general, y también en la experiencia histórica que tenemos para lograr la paz. El tema es complejo y doloroso, pero la premisa era no ocultar nada y, a la vez, acompañar amorosamente a los lectores.
“Para qué sirven las guerras” pregunta la protagonista del libro. Y pregunta también: ¿por qué la gente se mata entre sí? Una pregunta filosa…
Me pareció que estas preguntas simples son también muy filosóficas. Y apareció esta nena como protagonista: desde el principio supe que era una nena, que es la hermana menor de un chico al que le encanta ver películas de guerra que a ella la angustian. Pensé en una chica porque me interesa resaltar el lugar de las mujeres en la guerra. Lo cierto es que cada vez hay más mujeres en los enfrentamientos no solo en tareas de apoyo, sino en puestos de combate. Y, del lado del hermano, me interesaba destacar este gusto por las pelis de guerra -que en general gustan más a los varones-, porque además para ellos está más estimulado el consumo. Entonces, mientras él se entusiasma con esas pelis bélicas, a ella la asustan, se tapa los ojos para no ver y no entiende el disfrute de su hermano con esa cosa tan violenta.
El libro propone un diálogo entre un adulto y un chico porque esta es la estructura de la colección: preguntas y respuestas. Y esto además me servía para desarrollar los distintos temas, largar esas dudas, aflojar con otros temas y traer preguntas nuevas que me iban surgiendo mientras avanzaba en la investigación.

¿Qué preguntas nuevas aparecieron de la mano de esta niña?
Me empecé a preguntar sobre las palabras, algunos términos que los adultos manejamos sin cuestionarnos. Por ejemplo, negociar… ¿se trata de un negocio? ¿Se vende algo? ¿qué se compra? O la idea de ganar y perder: ¿quién gana en una guerra? ¿Cómo le suena esto a un chico? Aparece la idea de autodefensa, también, como algo lícito. Aparece la ley y lo ilegal en la guerra, en los crímenes de guerra. ¿Hay reglas para la guerra? Aparecen también preguntas por la Justicia y el castigo.
Entonces me puse a buscar el sentido de las palabras, para que los chicos pudieran empezar a usarlas de manera pertinente. Y también apareció la idea del tiempo, el tiempo de las negociaciones, del diálogo. Esta noción de que la paz requiere un tiempo, la paciencia, algo tan inentendible para los pibes hoy.
El libro incluye, desde el relato de duelos y duelistas que se enfrentaban a vida o muerte por desafíos personales, hasta la guerra civil ¿cómo armaste el recorrido?
Fue bastante complejo, porque quería hablar de las guerras contemporáneas, que son las que bombardean – valga la imagen- la cabeza de los chicos en estos días. Pero también quería contar algo más atemporal, ir un poco más allá… por eso la protagonista va recorriendo preguntas tan amplias. Traté de explicar que todas las guerras son políticas, que son peleas para decidir quién manda, quién es más importante, quién tiene razón. Y que siempre provocan pérdidas enormes. Y eso también me quedó instalado como una dirección. Y cada momento o cada tema del libro tuvo su complejidad.
Hablemos, entonces, de la inclusión del tema Malvinas
El punto de partida para contar Malvinas fue explicar que había un gobierno ilegítimo en Argentina que tomó una causa legítima, que era el reclamo por Malvinas. Pero con lo que hizo, además de producir muertes y traumas en las personas que volvieron con vida, retrocedió siglos en materia diplomática. Pura pérdida.
Esto se suma a mi mirada personal: yo nací en el 61 y los que fueron a Malvinas eran clase 62. Entonces el tema me pega hasta generacionalmente. Y cuando me di cuenta que estaba explicando Malvinas para los nietos de los excombatientes, me entró un fervor muy especial: la necesidad de explicar lo que se perdió en esa guerra, la enorme dificultad que tenemos después de la guerra para llegar a un acuerdo por esas islas.
Y también el libro trae el tema de la guerra civil…
Que es una de las cosas más angustiantes si uno piensa en la guerra, porque podés tener a tu hermano o a un amigo en el bando de enfrente. Y la familia se divide. Como ocurre también cuando hay enfrentamientos políticos. Me interesó en todo el libro personalizar los conflictos. Hablar de las personas, de las familias que se quedan sin casa, o sin luz, o sin agua. No uso nombres ni personajes puntuales, pero sí trato de llevar siempre la idea a lo particular diciendo que tu hermano o tu amigo puede convertirse en enemigo, en el caso de la guerra civil.
Para entender la dimensión de la guerra hay que hablar de las personas y de las familias afectadas. Dar la idea de que los muertos no son cifras, sino personas, que cada uno tiene un nombre y es hija o madre o padre de alguien. Una vida particular que la guerra destruye. Multiplicada por miles.
Yo estuve varias veces en Ucrania. Y, la última vez, en 2025, muy cerca del frente de lucha. Y una vez que vos estuviste en esos países en guerra e hiciste contacto, conocidos, amigos allá, la guerra empieza a tener rostro. Nombres propios. Vidas particulares. Caras. Y te contestan los correos y los WhatsApps. Y ahí cambia la mirada sobre lo que es vivir en un país en guerra. Te genera la necesidad de contar cómo se vive en esa situación.

Pienso en el libro La guerra no tiene rostro de mujer, de Svetlana Aleksiévich, una autora que siempre está dando nombre y apellido a las personas que entrevista que estuvieron en la guerra o en conflictos puntuales.
¡Claro! Yo no podía hacer eso en este libro, pero trataba de explicar la historia personal. Qué le pasa a una mamá, a un chico, a una familia cuando hay guerra afuera. Que se queda el papá sin poder ir a trabajar, que te quedes sin luz o sin agua en tu edificio que ahora está todo roto. O que te quedes sin casa. O que tengas que irte porque tu familia decide emigrar. Y tenés que dejar tus amigos, tu escuela, tu ciudad.

¿Cuál fue la puerta de entrada, la clave, para soltar la escritura y entrar a momentos o escenas tan crudas de la mano de una niña y para lectores peques?
El diálogo es una llave muy interesante. Porque te da la posibilidad de desarrollar algo fragmentariamente, avanzar por partes, porque la división pregunta- respuesta te da una dinámica que permite ir pasando de un tema al otro.
Siempre diciendo la verdad, aunque fuera muy dura y terrible. Y también me propuse sembrar esperanza. Porque cuando hablas a tus hijos o a tus alumnos les vas a decir que la cosa está dura afuera, pero que vos los estás acompañando. Fue un trabajo arduo. Busqué antecedentes, otros libros para chicos sobre el tema, pero hay muy poco. Encontraba ficciones, encontraba historias de refugiados, mucha literatura que tiene que ver con la Segunda Guerra, el tema de los campos de concentración sobre todo (incluso para chicos). Pero no encontraba ningún libro que explicara por qué nos matamos entre nosotros.
Y qué respuesta te das a esta falta de respuesta…
Sabemos que el tema es complejo, doloroso y, además, siempre político, y que hay una voluntad de poder. Entonces se trata de explicar o dar palabras a lo que vemos y no podemos soportar, porque en una guerra de las de hoy ya no muere solo la gente que está en el campo de batalla, sino que en una guerra puede morir cualquiera… porque hay ataques a civiles. Y eso es lo que más nos está doliendo a todos, no solo a los chicos. Nosotros no podemos explicar por qué ocurre la muerte de civiles en las guerras de hoy.
El desafío entonces es explicar algo que no logramos entender…
Exacto. Y, en este sentido, el libro intenta recuperar la sensatez, en un momento en que la sensatez no parece ser un valor. A mí me parece importante recuperar algo de la sensatez que la humanidad fue adquiriendo con los siglos. Entonces, una de las cosas que pongo en el centro del relato es la diplomacia. Que tiene que ver con reglas y acuerdos internacionales. Aunque en este presente, quienes hacen la guerra son totalmente indiferentes a estos acuerdos y la gente en general, también. Hay una gran indiferencia ante estos acuerdos e instituciones. Pero es hora de que empecemos a pensar en que hubo un momento en que se creyó en eso, y que esas instituciones y mecanismos fueron contenedor de la violencia natural del mundo, por decirlo de algún modo.

La crisis de la paz ¿tendrá que ver con la crisis de estas instituciones…?
Los organismos internacionales que trabajan para la paz están en vigencia, aunque hay líderes hoy que ordenan acciones que son crímenes de guerra y puede pasar mucho tiempo hasta que sean juzgados y generalmente ocurre que incluso no son juzgados. Es muy triste, pero nadie paga por esos crímenes. Pero, a pesar de esto tan atroz que ocurre, es importante contarles a los chicos que hay gente que se ocupa de monitorear los crímenes de guerra, que hay tribunales especiales para estos crímenes y gente que estudia mucho para llegar a acuerdos. Y que los acuerdos son para ganar y perder en la mesa de los acuerdos.
Es importante contar esto porque por momentos tengo la sensación de que no solo los chicos, sino también los adultos más jóvenes se han olvidado de esto, no le dan valor a la diplomacia.
Entonces, a pesar de que los organismos de paz han caído en cierto desprestigio, fueron muy provechosos en una época crítica de la historia de la humanidad. Y ahora mismo se están renovando, hay nuevas autoridades, muchos cambios. Y en este sentido, me dan ganas de pensar que puede haber cambios favorables. Y me gusta compartir esta idea con los lectores, porque si yo hubiera pensado que solo podía escribir un libro para deprimir a los chicos no lo hago.
¿Y las películas de guerra que rol juegan en el imaginario infantil?
En un momento se decía que era aconsejable que los pibes no consumieran películas de guerra o violentas porque esto los incitaba a la violencia. Y esto es como pensar que los escritores de policiales son asesinos. Revaloricemos la ficción. La ficción te permite manifestar la agresividad, tramitar la agresividad en un terreno simbólico: con imaginación y creatividad. Como jugar a la guerra de almohadones: es algo sano, es un juego. Porque hay algo de la agresividad y la violencia física que está en los chicos y uno puede controlar o jugarla de otras maneras. Y entonces vuelvo a los acuerdos internacionales: se trata de jugar de otras maneras esas disputas.
Y en relación a la gráfica del libro… hay un dolor muy presente y a la vez muy controlado en las ilustraciones.
Nos cuidamos mucho de que no hubiera ni colores, ni banderas, ni palabras o imágenes irritantes. Aunque hay dolor en la narrativa de las ilustraciones, siempre se trata de contener la angustia que el tema genera. Y en este sentido, Penélope Chauvié, que es la ilustradora, trabajó muy delicadamente, porque se ve gente lastimada y edificios destruidos, pero siempre con un adulto protegiendo y abrazando a los chicos que están en esas escenas. Y también desde la ilustración hay referencias a Mafalda, por ejemplo, o a Gandhi: algunas pistas para seguir leyendo y cultivando la idea de la paz.

Planeta Hinde
Hinde Pomeraniec nació en Buenos Aires, es escritora y periodista gráfica, de radio y televisión. Es Licenciada en Letras y trabajó en los diarios Clarín, La Nación y actualmente en Infobae.. Entre 2005 y 2010 fue parte de la conducción del noticiero Visión Siete Internacional. También trabajó como editora general en Editorial Norma y en Norma Infantil.
Publicó Katrina, el imperio al desnudo (Capital Intelectual, 2007); Rusos, postales de la era Putin (Tusquets, 2009), Blackie, una voz insumisa (Gourmet Musical) de 2023 y ¿Dónde queda el Primer Mundo? (2016, Aguilar), en coautoría con Raquel San Martín. También escribió Soy mi madre, soy mi hija, soy yo (2019, IndieLibros). Además, es autora de Lu, Lucy, Lucía (Editorial Norma) un libro para público infantil.

